Adaptaciones "imposibles"



A estas alturas, la secuela es un elemento tan degradado en parte por la falta de calidad, pero principalmente por el desgaste que se ha hecho de ellas.
Y si la salvación en taquilla no puede ya venir de una secuela (digamos, porque el personaje principal ha muerto… aunque a veces ni eso es meritorio para detener a los estudios), existen otras opciones que se están convirtiendo peligrosamente en lugares comunes. El famosísimo remake. En términos simples, el remake es simplemente una nueva versión de una película, ya sea de otro país u otro tiempo, cambiando o agregando elementos que se adapten a la cultura, en este caso, estadounidense. Algunos ejemplos recientes incluyen: Vanilla Sky (de la española Abre los ojos), Insomnia (de la noruega del mismo nombre), The Ring (de la japonesa Ringu) y un largísimo etcétera. No recuerdo haber visto una película actual, cuyo remake haya sido superior al producto original (y no, “Los Infiltrados” no es mejor película que “Infernal Affairs”).

Generalmente, a los estudios poco o nada les importa, mientras puedan ver el potencial económico y que para bien o para mal han obtenido con esas cintas y que desafortunadamente tienen prioridad sobre el talento de un escritor que no posee todavía un nombre de peso, pero que le sobra inventiva. Pero si en la búsqueda por la seguridad económica y no por la propuesta, los remakes no son la mejor respuesta, aún hay más opciones. Una de las más importantes es la adaptación. Casi cualquier material es adaptable, videojuegos, biografías, comics, artículos en revistas y periódicos, etc. En la actualidad, es pequeño el porcentaje de gente que acostumbra leer con frecuencia y mucho mayor es el porcentaje que ocupa mucho tiempo (porque lo demanda) en un videojuego.


Y en el intento, han llevado la penitencia. Esas adaptaciones a videojuegos populares son, en el mejor de los casos, mediocres. El videojuego requiere la participación e interacción del individuo, el cine no. Así que al privarle ese elemento básico, la adaptación que verá el fanático se quedará siempre corta en sus expectativas.


No es lo mismo con la literatura. Adaptaciones como “El Padrino”, “El Silencio de los Inocentes”, “Patrulla Infernal”, “Rashomon”, “Rebecca”, “Blade Runner”, “Sueño de Fuga”, son soberbias. El caso Hitchcock menciona que sus adaptaciones siempre fueron de novelas muy malas. El caso puede ser “Psicosis”, pero quizá no tanto con “El Agente Secreto”, novela escrita por Joseph Conrad. La fabulosa “High & Low” de Akira Kurosawa me ha llevado a buscar su versión literaria, sin resultados positivos, por lo que me incluyo en el descubrimiento inverso de las novelas.

Aún quedan miles de novelas en el aíre, a la espera de un goloso ejecutivo, para su traslado a la pantalla grande. Afortunadamente, en este caso, muchas novelas se consideran como “inadaptables”, imposibles de recrear su universo, ya sea por la narrativa o por lo que propone. Aunque la novela “Naked Lunch” de William S. Burroughs se considero mucho tiempo así.

Finalmente, cada quien tendrá sus opciones de adaptaciones a libros que han leído y han representado un momento importante en su vida. Muchos deseamos que nunca se haga su versión al cine de alguna novela. Otras son una probabilidad latente y una pequeña porción pueden ser necesarias. Las que le presento a continuación, muchos las han determinado como “inadaptables”, o mejor dicho, las más difíciles de adaptar.


Cien años de Soledad.
Gabriel García Márquez.
La obra maestra de literatura hispanoamericana, y para el caso, universal. 35 idiomas, mas de 20 millones de ejemplares y un cuaderno al lado para apuntar el nombre de los personajes y su parentesco familiar, para no perder el hilo conductor. Las seis generaciones de la familia Buendía y los muchos Arcadios y Aurelianos. Personajes que flotan en el aire y se desvanecen. Personajes que mueren y vuelven a aparecer. Lluvias que duran años. La incapacidad de amar y la soledad a la que se conducen. Los hijos con cola de cerdo. Y un narrador imparcial. García Márquez creo una historia tan emotiva y tan profunda, que nadie se ha atrevido a tratar siquiera de proponerla como adaptación.


Glamourama.
Bret Easton Ellis
Victor Ward es un modelo, dueño de un popular club nocturno, con muchas mujeres de espectacular belleza, que un buen día le ofrecen una misión, buscar a una ex – novia de sus años estudiantiles. En el transcurso de su misión, conoce a otro grupo de modelos tremendamente exitosos, que ocultan ser parte de un poderoso grupo terrorista, con fines de causar destrucción y caos en el mundo. Lo que bien suena a una payasada, en manos de Easton Ellis se convierte en una crítica al consumismo, al culto a las celebridades y a la belleza física. Ward comienza su narración mostrando el mundo de los modelos famosos, sus excesos, sus ridículas preocupaciones y su descenso en el ojo público. Para después adentrarlo y de paso cambiar la tonalidad de la historia, al mundo de espionaje, de los terroristas, de la violencia y paranoia. Ellis ha sido tachado de nihilista, misógino y bipolar, lo cual muy probablemente sea. Pero no hay duda que tiene una poderosa manera de manipular a sus personajes para convencer al lector de que son un mero reflejo a ellos. El problema de esta novela en una muy probable adaptación (Ellis también creo American Psycho) es, entre muchas cosas, su extensa duración. Poco más de 700 páginas describen la aventura de Ward, con sus fiestas/orgías con modelos, hasta la tortura y desmembramiento de sus amigos terroristas, además de jugar con la posible doble personalidad de Ward y un final que parece ser una broma pesada.

El hombre en el castillo
Philip K. Dick
Estados Unidos nunca se recupero de la Gran Depresión en los años treinta. Esto impide que la nación no se convierta en la potencia que ayuda a los aliados a derrotar a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Europa, al igual que el continente americano es ocupado por japoneses y alemanes. Hitler queda incapacitado después de ganar la guerra. San Francisco es un imperio oriental. Y un autor crea la novela “prohibida” llamada La langosta se ha posado, brindando esperanza y curiosidad al mundo, narrando ficticiamente lo que el mundo sería si los aliados hubieran ganado la guerra. El nombre Philip K. Dick es uno muy recurrente en los últimos años. Al igual que Isaac Asimov, Dick es uno de los más influyentes autores de la ciencia ficción y uno de los más emblemáticos. Creador de Blade Runner, Total Recall o Minority Report, en “El hombre en el castillo”, Dick plantea un mundo donde la guerra fue ganada por Hitler y la humanidad se enfrenta a problemas y batallas personales muy similares en la actualidad. Absorbente de principio a fin, su arribo a la pantalla grande no se vislumbra imposible, a pesar de lo controversial del asunto. Aunque para muchos (me incluyo) sería mejor que lo dejaran en letras


El guardián entre el centeno.
J.D. Salinger
El principal opositor de que esta poderosa novela se traslade a la pantalla grande es su propio autor. Salinger, un autor que se aisló del mundo después de esta, su primera novela, desprecia enormemente a Hollywood y mientras el viva, jamás su material será usurpado por las compañías productoras. Marcado enormemente por su experiencia en la Segunda Guerra Mundial, J.D. Salinger es un hombre de hábitos fuera de lo común, que incluyen el aislamiento de su propia esposa, represión sexual, hablar idiomas inventados por él y dicen, beber su orina. Tanta paranoia se ve reflejada en el personaje principal de esta novela de culto, Holden Caufield, que por cierto, también odia a los guionistas de Hollywood. Pero por encima de la negativa absoluta del autor, la propia novela sería una pesadilla para cualquiera en su intento por adaptarla. Caufield es un joven de 16 años que desprecia el mundo, la hipocresía donde vive, la maldad de la humanidad y a él mismo. Pero todo el desprecio que siente es manejado de una forma tan sutil, cínica y pausada, que se convierte en agradable y entretenida. Publicada en 1951, la novela sigue teniendo repercusión en el mundo actual y, como las grandes novelas, se siente fresca y emparentada con el sentir de muchos.

2 comentarios:

Joel Meza dijo...

Como bien apuntas, Sergio, casi todo es adaptable a otro medio. Muéstrame una novela "inadaptable" al cine y te mostraré un guionista/potencial adaptador sin la sensibilidad requerida para llevar dicho material a una puesta en imágenes. E igualmente, como bien dices, el que algo se pueda adaptar no quiere decir que se tenga que adaptar. Hay obras que viven mejor en su propio medio(ambiente) y que fuera de él, en el mejor de los casos, apenas sobreviven.

Ad Ayin dijo...

Cuantas tragedias no se hubieran evitado, jeje. Y si, en el mejor de los casos, sobreviven. Lo triste que ese "mejor de los casos" es el menos frecuente. Saludos