Filmin


Hace unos 10 años, lo común (y corriente) era esperar cuando menos 1 mes para que el estreno de la temporada llegará a pantallas de cine en México. Muchas veces, la espera era más larga. En algunos casos, sigue siéndolo.

El recuerdo es el Episodio I de Star Wars, la que en 1999 se consideraba la película más esperada de la historia y que en México tardo mes y medio para su arribo a las pantallas, cuando en los puestos de películas piratas ya estaba el día de su estreno (por ahí de Mayo) Nos quejamos mucho de la piratería, del golpe tan brutal que significa para cualquier industria. También aprovechamos para quejarnos de los absurdos promocionales que tratan de combatirla (proyectados antes de cada función) La verdad es que todos hemos consumido en algún momento piratería. Con más frecuencia escucho como la gran mayoría de las personas juran y perjuran jamás comprar películas piratas, ni discos, ni descargarlas, ni siquiera pasar cerca de un puesto (cruz, cruz) Pero todos hemos caído, por lo accesible, por lo económico, por lo cercano. Celulares, juguetes, chips, programas, juegos, música que nos pasan amigos, botana, comida, adornos navideños, lo hay de todo y aunque sea de manera accidental, ha sido tocado por cada uno de nosotros.

Para mí, el mayor coraje es tener que esperar por cintas que nada más no se ve claro un probable estreno en cine. Y si, en mi desesperación he comprado o descargado más de una. También me quejo del mentado IDE y de que ese, el del puesto, no paga ni un centavo de impuestos de lo que saca en un día (que seguro, en buenos días, es más de lo que sacamos muchos en una quincena) Pero he aprendido a ser paciente y mejor esperar y dedicarme a revisar todas las películas que me he propuesto y que almaceno casi de forma automática.

La introducción tiene como finalidad una recomendación.

Hace un par de semanas, recibo la invitación de Joan Sala a visitar su página. Curioso como es costumbre, me asomo para descubrir un proyecto por demás interesante y ambicioso. La página es www.filmin.es. Como he de imaginar, a pocos se nos da por revisar los meticulosos FAQS que encontramos en las páginas, así que a modo de resumen breve, trato de pasar el dato:

Filmin es un ambicioso portal creado por un grupo de compañías que hemos hecho de la innovación, el riesgo y la apuesta inquebrantable por la calidad nuestra razón de ser: Alta Films, Continental, El Deseo, Golem, Tornasol, Vértigo Films, Wanda Visión y Cameo. Con la colaboración de la empresa tecnológica Ikuna.

Que esta dirigido:

A todas las personas que busquen estar informadas de las últimas noticias del mejor cine mundial.
A todo aquel que disfrute viendo los contenidos extras de los DVD.
A los usuarios de dispositivos portátiles que quieran disfrutar con el mejor contenido audiovisual en ellos.
A todos los miembros de la industria que quieran tener su bobina disponible online.
A todos los cortometrajistas que quiera disponer de un lugar con credibilidad para hospedar su obra.

Pero indudablemente el concepto más innovador es la propuesta de poder ver, mediante un streaming exclusivo, muchas de las cintas premiadas y proyectadas en los diversos festivales alrededor del mundo (es decir, películas que jamás llegaran a cartelera) además de cintas que incluyan en su interesante catalogo (cuyo costo no rebasa los 3 euros)

¿De nuevo el FAQ?

En nuestra TIENDA encontrarás todas las películas disponibles a día de hoy. Mañana, más. Mes a mes, más todavía. El número irá creciendo aunque nuestra voluntad es la de ofrecer un número limitado de títulos de calidad contrastada, con premios, con prestigio, con los que seguro no perderás el tiempo.

En filmin podrás ver la taquilla, las críticas, incluso podrás comprar en DVD todo tipo de películas, comerciales o independientes, de Hollywood o Europa, de autores consagrados o de quienes nunca lo serán porque nunca han querido serlo.
Ahora bien, las películas que podrás ver en filmin son títulos de calidad contrastada, cine de autor sin que eso signifique que sea cine poco comercial. ¿Acaso son poco comerciales "La vida de los otros" o "Anticristo"?

Quizá este tipo de iniciativas promuevan un canal de distribución diferente para obras que tienen considerables obstáculos para ser mostradas. También es justo ponerse del lado del productor que generalmente no ve ni un peso de lo invertido y a cambio solo recibe deudas, atrasos y problemas de salud. Solo el tiempo dirá si finalmente sea por Internet donde toda la distribución se deba dar bajo mecanismos mucho más justos tanto para creador como para consumidor.

El primer proyecto de Filmin se trato del estreno mundial y exclusivo de la cinta Estigmas (2009) de Adán Aliaga, proyección vía streaming continúa disponible (hasta el 1 de diciembre) y cuyo director menciona los motivos para estrenar su obra bajo este formato:

“Nuestro largometraje "ESTIGMAS" será estrenado en internet como denuncia del alto índice de piratería en España y la falta de medidas en defensa de nuestros derechos por parte de los gobernantes, entidades públicas e instituciones judiciales españolas… Estigmas posee un contrato de distribución en Francia y será estrenada en cines de París y otras ciudades a principios del 2010. La falta de apoyos públicos y privados en España para dar difusión, en los medios habituales, a nuestra película nos ha llevado a buscar nuevas vías de exhibición”

Mucho se habló del tema cuando Radiohead decidió sacar su disco In Rainbows por vías similares, permitiendo que la gente decidiera el precio (a partir de 10 centavos de libra) a la música que recibirían. El disco, eventualmente, tuvo su salida en el formato convencional (con varias ediciones especiales para dar un plus) y el experimento fue sumamente exitoso, llamando la atención de varios músicos (por ahí Reznor se apuntaba) expertos de la industria y hasta varios analistas económicos.

Es un hecho que se deben buscar nuevas variables para generar más alternativas. El ejercicio basa su éxito en el público y la capacidad de reacción que tengan ante las nuevas demandas del mismo. Vale la pena darse una vuelta por su página. Cuando menos hemos sido advertidos.

2012 y Updates


No voy a intentar negarlo, pero, en su momento, Independence Day (1996) fue una de las cintas más entretenidas que me toco ver. Mis nebulosos recuerdos me harían afirmar que ese fue uno de los años donde las cintas de verano luchaban por el dominio de la taquilla a base de producciones asombrosamente costosas, repletas de efectos especiales muy innovadores en su tiempo y con elencos de estrellas (porque un año antes la triste oferta se repartía entre Waterworld, Judge Dread y Crimson Tide) Ese verano, aparte de la cinta de los extraterrestres, recuerdo otras dos cintas que me emocionaron de forma similar, Twister (Jan de Bont) y Mission Impossible (Brian DePalma), cada una logro recaudar más de 200 millones en taquilla, algo, de cualquier ángulo, impresionante.

Después de Independence, di con el hecho de que el trabajo de su director, Roland Emmerich, me era familia, porque como muchos que crecimos en los ochenta y con el cine de los héroes de acción, era fan de Universal Soldier (1992) y le muestro bastante tolerancia a Stargate (1994), sus previos trabajos antes de alcanzar la fama absoluta. Porque, honestamente, con ID4 sus bonos subieron a las nubes, tan así que le encargaron realizar la ambiciosa adaptación multimillonaria de Godzilla (1998) con resultados eminentemente miserables (aunque sigo optando por este bodrio que por el bodriazo Armaggedon, ambas del mismo año) Después Emmerich se aferró a lanzar churro tras churro, la ridícula The Patriot (2000) y la más ridícula The Day After Tomorrow (2004) A 10,000 BC (2008) ya no le entre y su más reciente 2012 también me producía repelencia absoluta.

No dudo que alguien recuerde el nombre de la primera cinta que recuerdo, cuya temática era la destrucción sin sentido y la sobrevivencia de sus multicoloridos personajes, que era estelarizada por Pat Norita, algo pasaba con un volcán y los sobrevivientes caminaban por un puente estrecho para sobrevivir (o esa era una de las escenas que recuerdo) Pero la primera en el cine, con una mezcla de sonido brutal, fue ID4. Sigo atesorando ese momento, pero con los años me ha parecido muy absurdo todo el asunto.

Con 2012 me toco la oportunidad de ver la reacción de alguien más en su primera experiencia con este tipo de cine. Y la verdad valió la pena ver toda la emoción que este tipo de películas puede generar… si se es nuevo en el asunto. Probablemente esa emoción me fue contagiada y debo reconocer que la más reciente cinta de Emmerich (ya sin Devlin) es justo lo que pretende. Destrucción tras destrucción, cada vez más espectacular, más ruidosa, cobrando más vidas y permitiendo que entre tanto frenetismo, se perdone tanta incoherencia. Si, si, es más de lo mismo, es un director que no sale de eso y es una chafez basada en ninguna información científica comprobable y refutable. Con los años me he ablandado (tan así que deseaba final feliz) y he aprendido que también vale la pena depositar algo de diversión en películas efímeras, poco demandantes y hasta ingenuas. Como las que me llevan al punto de todo esto.

De 2012 no voy a añadir, no me parece que haya mucho más de que hablar y tengo la certeza de que Joel Meza ha ejemplificado mucho mejor todo lo que involucra ver esta cinta. Pero con la misma intención de seguir ablandándome y buscar con más frecuencia cine chatarra, fácilmente digerible y desechable, la cinta de Emmerich venía precedida de los avances de dos películas que suponen serán un éxito en el 2010.

La primera, una adaptación más a un videojuego que ha perdurado desde la aparición del Nintendo, hasta el más sofisticado Xbox 360. Prince of Persia (Mike Newell) parece estar basada muy directamente en la versión de la consola negra de Microsoft, The Sands of Time y si ese es el caso, la historia del juego era una delicia, repleta de sorpresas, de obsesiones y de un final soberbio. Ya no da tanto miedo que una cinta sea apadrinada por Jerry Bruckheimer (ya soltó a la anomalía esa de apellido Bay) mucho menos en este tipo de producciones donde lo importante es el exceso absoluto.

El otro tráiler fue entre emoción y desilusión. Seguramente destruirán todo buen recuerdo de aquella fantástica cinta de mi infancia que me asecho mucho tiempo con su imagen de la Medusa. Clash of the Titans (Louis Leterrier) parece también otra adaptación a un videojuego (en este caso al God of War) que una reinvención, revalorización o copia calca de su eterna original. En otro tiempo, gritaría que le huyeran, que hicieran plantones y todo el espectáculo para evitar semejantes catástrofes… Pero ahora también puedo darme el lujo de consentirme. Con chatarra. Y sin quejas.

A Christmas Carol


En el camino, nos hemos ido acostumbrado a dejar aspiraciones y adaptar algunas para evitar la sensación de vacío. Todos hemos ambicionado alguna vez con algo que se nos ha dicho fantasioso, ridículo y finalmente, poco merecedor de atención. Aunque a nosotros la aspiración tenga absolutamente todos los criterios de calidad, la soltamos porque tanta gente no puede estar tan equivocada. Aprendemos, desde ese momento, a ceder, a acallar los propios impulsos, que pueden ir de una llamada a una meta.

Cedemos ante todo, menos ante nosotros. Y cuando admiramos todas esas fantasías, se despierta un inevitable recelo, un reclamo. No haber sido lo que en verdad queríamos ser, no haber decidido lo que de verdad queríamos decidir. Culpables se señalan por todos lados, dentro y fuera. Pero así lo toleramos, así hemos entendido la manera de ceder.

La navidad suele provocar la proliferación de (re)sentimientos, negativos y positivos, de felicidad, de tristeza, la temporada más fría y cálida del año. Eso también ha sido impuesto. Y si un 19 de diciembre de 1843, no se hubiese publicado la ejemplar historia de Dickens, pocos se hubieran atrevido a reconocer todas las contradicciones que al paso de sus vidas han ido construyendo. El Cuento de Navidad (o A Christmas Carol) ha sido revisado en innumerables ocasiones desde diversas perspectivas, pero siempre manteniendo lo esencial de la obra, las consecuencias. Se asumen, se entienden y se tratan de afrontar, más nunca son enteramente satisfactorias. Pareciera que también hemos entendido que hay que doblegarse a muchas de ellas, que hay que bajar la cabeza, condescendiente, aceptando sin refunfuñar. Y las miradas buscan su origen, uno o varios. El final del año conlleva a esa inevitable introspección y en el aspecto más agradable, también facilita la reconciliación, con lo que nos rodea, pero principalmente con nosotros mismos.

Así que el gruñón Scrooge tiene que enfrentar a espíritus destinados a sacudir lo más accesible y lo más terco de su personalidad. Aceptar todo lo malo que ha ido cimentando a lo largo de sus días significa también reconocerse perdido, sin salvación, desperdiciado. Consecuencias. Pero siempre que hay un camino quebrado, hay un retorno de el. Scrooge (como todos) no carece de bondad, ni de maldad para el caso, simplemente ha decidido que aspecto le conviene más para las aspiraciones que se forzó a tomar (rechazar un matrimonio rodeado de pobreza, evitar el contacto con personas que pudieran abandonarlo y lastimarlo) y fue tal la voluntad de su acción, que olvido completamente cuál era la motivación de la misma. Desde el más allá, la única “amistad” que conservo ha llegado a advertirle que su permanente condena no tiene porque ser compartida y a través de la más popular noche del año, el viejo Scrooge tendrá la oportunidad de reconciliarse con su pasado, con su presente y adaptarse a un futuro al cual no esta acostumbrado.

A Christmas Carol versión 2009, es la más reciente adaptación (porque dudamos que sea la última) aprovechando la acelerada imaginación de Robert Zemeckis (quien también se encarga del guión) un director que ha sido alabado y menospreciado por igual. Nadie olvida el frenetismo que creaba a mediados de los ochenta con la saga Back to the Future (1985), su innovadora mezcla animada con Who Framed Roger Rabbit (1988) y su increíblemente cursi revisión a toda una generación americana vía Forrest Gump (1994), el director indudablemente tiene conocimiento y control absoluto de lo quiere que se vea en pantalla, tanto en el aspecto visual como en el narrativo. Por encima de la tecnología aplicada (que es sin duda monumental), la espectacularidad de la animación y los cuidadísimos detalles, la funcionalidad de la cinta depende exclusivamente en Zemeckis y el director lo hace al pie de la letra, ocupando todos los recursos disponibles. Y no hablo del aspecto digital, sino de lo impecable de sus transiciones, la movilidad de los personajes derivadas de la aceleración de la historia y la vitalidad de su narración (algo que Beowulf, su anterior cinta, carecía) Lo logrado por el director se debe a lo actual de la historia que toma, pero también del respeto que Zemeckis le tiene, respeto que no se traduce en temor a la hora de plasmar cada cuadro que ha diseñado y todo el brutal equipo de trabajo que hay detrás.

Como cada final de año, esta cinta es el preludio a la abismal cantidad de cintas navideñas con mensaje. La parte favorable es que este mensaje ha pesado mucho en muchas épocas diferentes (y ni que hablar de la joya que protagonizaba Bill Murray, Scooged, de Richard Donner) Es un mensaje sin mucha moraleja (a pesar de que así se ha entendido) No, no vamos a ser visitados por seres de ultratumba que desean mostrarnos nuestras acciones que nos han llevado a nuestras realidades. No sucede así, simplemente porque no queremos. También respetamos esa parte.



A Christmas Carol (2009) * * *
Dir. Robert Zemeckis
Guión: Robert Zemeckis (basado en la novela de Charles Dickens)

The Boondock Saints II



Como muchos antes de él (y los que vendrán después), Troy Duffy se aventuro al conocido camino de los quince minutos de fama. Llego a Los Angeles, tratando de hacer funcionar a su banda, The Brood, mientras trabajaba en un bar. En su tiempo libre, empezó a escribir una historia, cuyo antecedente venía de una experiencia donde Duffy regresaba de su trabajo y atestiguaba como arrastraban el cadáver de una mujer de la casa de un traficante. La impotencia le estimulo la imaginación y deduciendo el castigo que merecía una persona que comete tal acción, pidió prestada una computadora y empezó a escribir el que sería el primer acto de su guión, en el cual describía las andanzas de dos hermanos irlandeses que se dedican a asesinar a criminales, mafiosos y linduras similares (algún político mexicano, seguro)

Duffy intentó mover el guión, sin que nadie le hiciera mucho caso (era algo que empezaba a ser moda, pero amenazaba dejar de serlo muy pronto) Un buen día, Paramount le entra al quite y ofrece dinero por el guión. Casi instantes después, el guión llego a las manos del temible y poderoso Harvey Weinstein (todavía con Miramax) y con su acostumbrado pisoteo y su palabra casi inobjetable se hizo de los derechos (pasándose por el arco del triunfo el trato previo) Ofreció menos dinero en sueldo, pero más espacio creativo (mentira, pero eso vendió) la oportunidad para Duffy de dirigirla con un presupuesto de 15 millones de dólares, musicalizar la cinta con su banda y de pilón ser co-propietario del restaurante para el cual trabajaba.

Troy Duffy hizo lo que cualquier persona, se volvió loco. Cotizó su historia como lo más grande que el cine podía crear, se encapricho con actores, rechazó a varios más, la creatividad empezó a fallarle y en la obsesión de recrear secuencias ya famosas, demandaba más dinero, más libertades, más restricciones y un larguísimo etcétera. Weinstein despedazó el trato, se salió del proyecto y dado que entonces estaba en la cima del poder, amenazó a cualquier estudio, productor y distribuidora de querer respaldar al ahora psicópata director. Duffy pasó de la nota más sorprendente del medio al más evidente olvido y rechazo (además endeudado por el desarrollo de pre-producción que Miramax había invertido)

La historia es narrada en el excepcional documental: Overnight (Montana, 2003) donde se retrata la propia autodestrucción de Duffy. Sin tomar partido, uno tiene que reconocer que gran parte de la culpa fue de Harvey, pero el director también hizo lo imposible por hartarlo (y dicen que la paciencia no es característica de ningún Weinstein) Era 1999, los Wachowski eran la nueva tendencia, Miramax seguía padecido con la no-secuela de Pulp Fiction que Tarantino entregaba y el manda más del estudio quería encontrar esa combinación, la estética (¿?) de algo como Matrix combinada con la narrativa de Tarantino, cosa que el guión de Duffy no tenía en ningún lado.

Así que, evidentemente, la mayoría se puso del lado del débil y para cuando Duffy por fin pudo estrenar su supuesta obra maestra, solo los curiosos que se acercaron a la historia detrás la colocaron como cinta de culto, título que le queda gigantesco. Siendo francos, la cinta tiene mejor título que resultado. The Boondock Saints (1999) fue exhibida en Cannes y por ahí alguien vislumbro potencial para adquirirla, estrategia que con el tiempo resulto. Por encima del drama detrás, la cinta no proponía nada nuevo, carecía de algún personaje realmente memorable (quizá el detective gay casi médium que interpretaba Willem Dafoe se salvaba) y se dedicaba a simular estilos que Ritchie o Tarantino ya clamaban como propios (o sus fans lo clamaban) Pero era una cinta disfrutable, con alguna secuencia interesante y con la suficiente adrenalina como para dejarse ver sin problemas. La película hizo mucho dinero en DVD, gano muchos fanáticos y le dieron nuevos bríos a Duffy para intentarlo una vez más (porque de las ventas en video, el director no vio ni un centavo)

The Boondock Sains 2: All Saints Day (2009) parece arrastrar algo muy similar desde hace 10 años. El título de la cinta es muy superior a lo que parece será el resultado. En 1999, Harvey Weinstein se arrodillaba ante cualquier barbón, o ante cualquiera que pudiera nombrar “el nuevo Tarantino”, ya fuera un Ritchie, un Rodríguez, un Carnahan o en el extremo abuso de la ignorancia, un Kitano (¿desde cuando los patos le tiran a las escopetas?) Diez años después se antoja demasiado tiempo para que alguien levante la mano. Primero, ya hay muchos, segundo, Tarantino se ha encargado de que el término sea muy confuso y probablemente erróneo. Pero la leyenda de Troy Duffy es demasiado caricaturesca para perder vigor. El sueño y la caída casi al mismo tiempo. Tan cerca y tan lejos.

El avance no promete nada diferente que su anterior cinta (salvo la presencia de la preciosa Julie Benz) ya tiene una cantidad considerable de críticas negativas, pero ya las funciones se han ido agotando. Y es que enfrentar a un poderoso mastodonte y salir herido, comatoso pero entero, no es algo que cualquiera pueda presumir. Ojala Duffy tuviera algo más que presumir.