Artista del Mes - Mogwai



Buscar un adjetivo que describa su música es realmente imposible. Quien los catalogue en algún género con la finalidad de darles cabida comete un error. No es post-rock, no es ambiental, no es alternativa, ni mucho menos es electrónica. Y es que para comprender algo, nos obligamos a categorizarlo, a ubicarlo en tiempo y espacio. Olvidamos muchas veces que la música no pertenece a un estante, a un estereotipo, olvidamos que solo hay que escucharla y en el uso de ese sentido, dejarse llevar a lugares que la únicamente la mente conoce.

Alguna leyenda narra que un especialista, después de verlos en vivo, aseguro que el ritual resulto insoportable de tal forma que solo les deseaba a los integrantes una muerte lenta y dolorosa. Al menos habría que agradecerle a quien lo declaro que no tuvo el desden de endilgarles un adjetivo musical.

Mogwai se formo en 1995, en Glasgow, Escocia. Sus piezas instrumentales basadas en los sonidos que pueden sacar de la guitarra han servido de influencia no solo para las bandas que le siguieron, sino para cualquier otra modalidad de expresión. Por sus melodías han pasado tanta frustración como redención, han recorrido días nublados y caminos a paraísos. Han llorado la infancia perdida y la decadencia adulta. Cada segundo de sus piezas revela más que el anterior y el desgaste natural que produce.

En un mundo ideal, dijeron alguna vez, todos serían fanáticos de la banda Low. En un mundo ideal, uno olvidaría las categorías y escucharía. Con mucha atención.


1. The Sun Smells Too Loud (de The Hawk is Hawling)
El primer sencillo que se filtro de su nuevo disco, una maravilla de casi siete minutos que parecería deambular entre las más dolorosas derrotas y las más emblemáticas victorias.

2. Ithaca 27-9 (de Ten Rapid)
Aquí esta el experimento que seguramente torturo a quien los escucho en vivo. Una pieza que avanza lento, con calma, buscando aquel recuerdo que martiriza y humaniza al escucha, para rematarlo con toda una sacudida virulenta y furiosa. Furiosos de estar ahí, furiosos de estancarse ahí.

3. Friend of the Night (de Mr. Beast)
Primer sencillo del disco Mr beast, que los colocaba de alguna forma menos demandantes, aunque no por eso más accesibles.

4. 2 Rights Makes 1 Wrong (de Rock Action)
Uno de los considerados clásicos, una epopeya de 10 minutos, en la que uno desea parar, detenerse, despreocuparse, pero que simplemente detenerlo no es una opción.

5. Batcat (de The Hawk is Hawling)
Escucha, con atención.

6. Acid Flood (de Mr. Beast)
La suavidad de cada nota, buscando paz, buscando decencia.

7. I Know you are but what am I? (de Happy Songs for Happy People)
Una de las piezas más suaves, armoniosas y cumplidoras.

8. Emergency Trap (de Mr. Beast)

Otro lamento musical, lleno de vida y sufrimiento. Alegre en el fondo, poco precavida y altamente adictiva


9. Tracy - Kid Loco Remix (de Young Team)

Una de las mejores piezas musicales del grupo tuvo que venir de un remix, uno de los más empleados. Todo el recorrido que podría ejemplificar una vida, va acompañada de esta canción, una de las cinco canciones que mas me gustan de la historia.

Arráncame la Vida


Pareciera más que la revelación final de Arráncame La Vida (2008, Roberto Sneider) es la imposibilidad de amar a alguien. Cerca del final, me preguntaba si la tradición de sufrir amargamente la pérdida de un amor (bajo cualquier circunstancia) es la que nos lleva a cargarlo, a deambular como alma en pena, dar pasos sabiéndose vacío. La costumbre de llorar por el amor que nunca se cumplió, o el que se cumplió pero nunca se retuvo, o el que se retuvo pero acabo rechazándose pareciera inevitable. Llorar porque todos antes lo han llorado, porque la experiencia dice claramente que duele. Muchos sentimientos solo quieren salir, hacen mucho daño al resguardarse y solo quieren manifestarse, alborotarse y calmarse.

Es curioso como la historia empieza con una niña de 15 años, Catalina, quien atrapo toda la atención de un general mucho mayor que ella, en un México con costumbres que caducaron (o que jamás debieron existir) El general, a sabiendas que obtiene todo lo que le venga en gana, la hace su esposa, su mujer, su propiedad. No importa lo que ella quiera, lo que la familia de ella quiera, importa que él lo desea así y punto. La inocencia de ella es tal que busca ponerse a la altura de su marido, convertirse en el juguete que necesita y mantener esa imagen. No es necesario conocer a alguien para apropiarse de la persona, eso parece ser la sentencia. El problema de ella es manifestado casi de inmediato, no siente. Y la frase no tiene mucho que ver con lo sexual (aunque se explique de esa forma) sino con el descubrir que nunca tuvo tiempo de querer sentir, de decidir a hacerlo. El sentir también es parte de una costumbre, a veces maravillosa a veces terrible. El sentir involucra que todas las experiencias tengan que pasar por ahí, una y otra vez. Uno tendría que tener más tiempo en esta vida, dado que todas las decisiones que atraviesan el sentimiento ameritarían mucho más tiempo para tomarse, que para vivirse. Estudiar cada alternativa (más no solución) y precisar que ruta es la más viable, no para ser feliz, sino para no ser miserable. El amor no es todo felicidad, ni es todo tristeza, pero el sentir es todo agonía.

Arráncame la vida es, entonces, toda una declaración a lo vulnerable que es cualquier sentimiento dicho, pronunciado, jurado y vivido. No es una historia nueva y desafortunadamente, tampoco es una historia bien contada. La intención no es lo que cuenta, finalmente cada ser humano es egoísta por naturaleza, siempre irá primero el “yo siento, a mi me duele, me tengo que” y la debilidad de esa situación es más bien notable en la cinta. Por encima de los atributos de producción que la cinta efectivamente tiene (hay tomas y secuencias bastante meritorias), lo más destacable de la película es Daniel Giménez Cacho. Después de verlo recientemente en La Zona de Rodrigo Pla, como un padre de familia indeciso, el actor encarna excepcionalmente todo el estereotipo de macho mexicano revolucionario y caprichoso. Tanto es su desden al resto de los personajes que desfilan ante él, que en cada escena en que desaparece, sus frases y comentarios pesan y adquieren un sentido diferente. La aburrida y tediosa aventura amorosa entre su mujer y un desangelado director de orquesta estorba en el contexto, pero interesa en el fondo por tratar de predecir el siguiente movimiento del implacable general. Desafortunadamente, lo demás pierde mucha importancia.

El general comparte con su mujer lo que quiere y lo que le interesa. Lo que siente y lo que sufre y nada más, para él es mujer y por tal, es peor que un peón pero mejor que un adorno de oro. No niega sus infidelidades, se las entrega buscando establecer quien es el que manda, pero sorprendentemente buscando que su mujer, a quien muy en el fondo ama, pueda sobrevivir a lo que le depara la vida. Cuando por fin ella empieza a sentir, en el final de la cinta, uno tiene que entender que el militar quería evitarle ese sufrimiento. “¿Y a usted que le falta?” le pregunta en una escena cuando lo descubre con otra mujer. Ella creyó que le faltaba sentir, él sabía que no lo necesitaba.


Below


¿De que va?

En la Segunda Guerra Mundial, un submarino atiende una llamada de auxilio y es ordenado rescatar a tres sobrevivientes de un destruido barco hospital británico. Desde el encuentro entre la tripulación y los sobrevivientes se presenta el rechazo y la tensión: primero debido a que uno de los sobrevivientes es mujer y segundo, uno es alemán. De forma paralela, varios sucesos sin explicación empiezan a aturdir y preocupar a los tripulantes, fallas mecánicas, alucinaciones, supersticiones. Poco a poco, cada uno de los personajes entra en su propia desesperación y ciertos secretos tratan de justificar todo el extraño entorno.

No suena muy original…

Probablemente no pretenda ser original. Pareciera ser que los responsables se esmeraron bastante para crear un ambiente que genere mucha paranoia y tensión, por lo que lo claustrofóbico del submarino cobra mucha importancia, a la par de las convicciones de cada miembro de la tripulación, entre cobardías, miedos, pretensiones y traiciones. El reparto es por demás interesante y cada actor cumple con bastante decencia su papel. Pero lo más llamativo son sus creadores. El director es David Twohy, responsable de Pitch Black, la muy divertida cinta de ciencia ficción donde se presentaba el personaje de Riddick (Vin Diesel) Y la historia, el guión, corre a cargo de Darren Aronofsky.

¿Y esta de donde salió?

Francamente no causo el menor interés del público en su estreno en el 2002. Algo tienen este tipo de historias fantasmagóricas que no provocan mucho interés. Sin embargo, por encima de los defectos naturales que una historia como esta se digne de tener, la historia va avanzando sin prisa, sin adelantos, sin recelos. Probablemente Twohy no es el director más talentoso, pero sabe contar sus historias sin alterar mucho el resultado al que quiere llegar, es decir, se toma su tiempo para desarrollar a los personajes, para hacerlos interesantes y para incrementar la angustia sin necesidad de sustos baratos o fáciles.

Mucho más menospreciada que cintas con argumentos similares, la verdad es que Below no prometía mucho, en realidad no hay nada verdaderamente sobresaliente, pero logra captar la atención del espectador y hasta genera una real preocupación por la vida de esos personajes.


Below (2002)
Dir. David N. Twohy
Guión: Darren Aronofsky y Lucas Sussman
Actuán: Bruce Greenwood, Matthew Davis, Olivia Williams

1923 - 2008



Llegamos solos y nos iremos solos.

A veces la cotidianidad genera mucho vacío, el cual se rellena con cualquier método disponible del hombre. Nos saturamos y hasta nos enfermamos de trabajo, disciplina, deportes, entretenimiento. Depositamos mucho más que esfuerzo y esperanza en cualquier actividad que realizamos, con mucha convicción de que se verán retribuciones y recompensas. No confiamos en las situaciones que pronosticamos problemáticas, aunque sean parte de una realidad palpable. Más de una vez, necesitamos de esas historias que nos comprueben, que no hay nada imbatible, nada inalcanzable, nada imposible. El dolor que pocos pueden tolerar es el que involucra perder la ilusión, puesto que finalmente, todos los planes, todos los proyectos, todos los compromisos a futuro son ilusiones. Nadie quiere abandonarlas porque estimulan mucho el sentido universal de una vida.

Probablemente una de las ilusiones más claras y más emotivas que tenía fue llegar a conocer y compartir el escenario que involucra una de mis grandes pasiones en la vida. Una pasión que se quiere volátil, poco trascendente, desechable. Las pasiones son pasiones porque no comprenden (ni quieren) los razonamientos más estructurados posibles. Son pasiones porque no respetan condiciones, limitaciones. La fanaticada es tan inevitablemente vulnerable como lo es de indestructible. Esas pasiones nunca son controladas, nunca son contenidas, son explosivas, irracionales, consumidoras. La fortaleza de esa pasión es el organismo que la transporta, la lucha de convencimiento, la motivación. Pasiones, al fin, desmedidas que aíslan los problemas reales, las dudas, las angustias.

Nunca conocí el Yankee Stadium, y se en el fondo que es una ilusión que perdí y nunca podré rellenar de nuevo. Puedo argumentar, entonces, que mi pasión no fue tan grande como creía, pero de inmediato ese engendro que he creado me tranquiliza. No todas las ilusiones están diseñadas para cumplirse, muchas están diseñadas para perderse.

Pocos lugares han sido tan emblemáticos para mí, tan envolventes, tan relajantes. El béisbol siempre tuvo esa silueta, esa figura, ese logo. Ese terreno en forma de diamante era mucho más que un campo, era una ilusión y una vivencia muy personal. Era el elemento común de un deporte, de una fanaticada. Era el sonido no de una ciudad ni mucho de menos de un solo país. Fue la imagen de la clase, de la categoría de un equipo que carga con la esperanza de millones: la esperanza de despertar con mejor ánimo, de correr con más determinación, de poner en marcha tanta ilusión pendiente se tenía.

Todo tiene fecha de caducidad. Todo tiene un final. El final llego en una temporada dolorosa, perdedora y angustiosa. Pero el final estaba marcado y estudiado. Pocos fueron los afortunados en llegar, aún menos fueron los afortunados en salir. 85 años que resguardaran demasiados sucesos para siquiera tratar de analizarlos. Eventos que ni siquiera tienen que ver con lo deportivo, lo religioso, lo espectacular. El evento de alguien que conoció por primera vez a alguien, alguien que perdió a alguien más. La ilusión de quien de pequeño se entreno para estar ahí y de quien nunca lo consiguió. Ilusión de quien perdió mucho y recupero un poco. El hombre que lloro al ver perder a su equipo, pero no lloraba solo por eso, lo hacía por la acumulación de preocupaciones y angustias que le saturaban. El primer beso de alguien, el último de otro. La desilusión, la tristeza, la emoción, la furia. Nada se contenía, nada se prohibía, nada se excluía. Fue el hogar de un equipo de béisbol, fue la casa de mucha gente que ni el deporte le interesaba.

Uno de los escenarios más reconocidos se convirtió en el más respetado. Su final tuvo que darse de una forma u otra. Y aunque perdí mucho más de lo que creía cuando vi frustrada esa, una de mis más grandes ilusiones, se que nunca estuvo destinada para cumplirse. Todo lo que me queda es el vacío, que se llena cada segundo con lo que me dejo, con lo que me brindo, con la sonrisa que pude robarle.

Y aunque podría seguir intentando llenar ese vació con palabras, deportivamente el mejor recuerdo que le quite a ese lugar fue la angustiosa victoria en entradas adicionales al más odiado y dependiente rival: Boston. El cuadrangular de Aaron Boone que dejo tendidos a los Red Sox y que los eliminaba de la Serie Mundial. En ese momento, en ese majestuoso momento, alguien esta cumpliendo una ilusión desde la tribuna. Y alguien más, la estaba perdiendo

Coming soon .... - Not! -


Sitges es uno de los festivales cinematográficos más interesantes en contenido y propuesta. Siendo uno de los pioneros en destacar todo lo envolvente al cine fantástico, de horror, gore y ciencia ficción, es, junto al Festival de Toronto, un festival que no niega su espacio a muchas propuestas que, en muchos lamentables casos, terminan viendo su suerte en formato casero. Como en todos, muchas de esas cintas con el tiempo se han convertido de culto y otras solo rellenaban un horario. La programación de este año es por demás interesante, rescatando propuestas de cada rincón del mundo. Presentada también en el TIIF, una de las cintas fuera de competencia que ha llamado mucho la atención de espectadores es JCVD.

De que los hay, los hay. Conozco a unos varios, por así expresarlo. Pero, mi opinión, aquellos que nunca disfrutaron una cinta del belga Jean Claude Van Damme se privaron de varios de los momentos más divertidos, jocosos y entretenidos del cine de acción de los 80 y 90’s. Muchos nos quejamos (y con razón) de los ochenta, olvidando que esos como Van Damme, Seagal, Norris nos llenaban de emoción y alegría. El belga astro de las artes marciales nunca se destaco por ser buen actor, por elegir buenos papeles o por tener mayores habilidades que girar con un perfecto split. Mi infancia me prohíbe reconocer que era uno de los entretenimientos más imperfectos que uno podía encontrar. Por el contrario, me recuerda la búsqueda frenética que realizaba por conseguir sus primeras cintas, en especial una donde es el villano con poco dialogo. Salí saltando y aplaudiendo después de presenciar Timecop y hasta me divertí con una llamada Maximum Risk. Lo que siguió fue su inminente caída libre.

JCVD es un falso documental de cómo Van Damme regresa a su país natal, desilusionado, endeudado y sin posibilidades de ser feliz en Estados Unidos. Al parecer, la suerte tampoco le sonríe en su país y más bien le trae humillaciones, peleas legales y ser victima de asaltos bancarios. Por lo general se dice que uno se auto flagela evitando ser flagelado por un tercero. No se si reír o llorar, pero sin duda es una cinta que se antoja.

Otra más que se presenta en el Sitges este año es The Informers de Gregor Jordan (Ned Kelly, 2003). Ubicada en 1983, esta cinta esta basada en una serie de cuentos del controvertido Breat Easton Ellis. Como con todas las cintas basadas en el escritor, ya ha generado una tonelada de controversia. Me pregunto que habrá pasado con el proyecto de llevar al cine la novela Glamourama. Por lo pronto, hay que conformarse con esta, que por el trailer, parece muy interesante