Por fin en México!!!


La arbitraria leyenda decía que el vocalista de la banda, en su primer visita a México (donde tocaron en una vil bodega frente a 12 personas por alla de 1994) sentado dentro de un table dance entro en una nueva gran depresión (que le dan seguido) después de ver a una bailarina poco agraciada haciendo sus raros movimientos bajo la música de su sencillo "Creep". Dicen que por eso, por ese recuerdo, la banda no tocaría nunca en México.

La verdad es que todo el viaje fue catastrófico y la experiencia les dejo bastante incomodos. Hace poco más de 6 años se afirmaba que otra banda jamas tocaría suelo mexicano. Quizá su argumento era un poco más confiable: su guerra personal contra el monopolio que domina la organización y lucratividad de todos los conciertos en el país (o el Amo de los Boletos). Vinieron, tocaron y clonaron el mismo show 2 veces más. Dos años más tarde regresaría Eddie Vedder y compañía después de probar la emotividad (y el despilfarro de dinero) que el publico mexicano genera en cada tocada.

Así se van muriendo los rumores. NIN, Depeche Mode, Pearl Jam, Madonna y varios más ya tocaron en estas tierras, cargando la afirmación de muchos de que jamas lo harían.

Yo soy uno de los que juro que la banda que anuncia su concierto para Marzo de 2009 jamás tocaría. Amor desmedido a su música se combinaba con un odio desenfrenado a su rechazo (mamones, mierderos, divas eran palabras que salían de mi cuando pensaba en Yorke y su rechazo por tocar en el país) Todo eso ha desaparecido milagrosamente, jeje, jamás fue un sentimiento tan honesto, era pura envida e impotencia.

Si es una enorme noticia, pocas se dan de este tamaño (musicalmente hablando) que Radiohead regrese a México después de años de ausencia, de exito y de una extraña conexión con el público mexicano. La que se dice es la mejor banda sobre el planeta en la actualidad, tocara el 16 de Marzo de 2009 en el Distrito Federal (y aparentemente también el 17 y 18)

Con Radiohead es complicadísimo elejir una canción. Favorita o considerada la mejor, el repertorio es tan amplio (y su música tan variada) que uno se siente muy incapaz de elegir una, pensando en todas las que dejara fuera. Sin embargo, me armo de valor y pongo el video de una de las canciones que más me gustan de ellos. Una de las primeras que escuche, del disco The Bends, es también una de las más comerciales (para bien y para mal) pero me trae muchos gratos recuerdos.

A la ansiosa espera de Marzo 09, el video del asalto (canción que seguramente ni tocan en la gira... si son un poco divas, pero se les admira y adora como se debe):


Dir. Paul Cunningham

Death Race



La tendencia parece predecir que Jason Statham se quedará en el papel de duro, brutal y musculoso personaje que puede sortear tanto conflicto se le atraviese. Pero siempre viéndose bien (o cool, si se quiere) La saga de The Transporter pareciera no tener fin, se estima el próximo estreno de la secuela de Crank (con todo y que el personaje aparentemente murió) y seguro repetirá su papel de segundo al comando en la secuela de The Italian Job. La verdad es que sus personajes parecen ser la continuación del previo, solo que con esteroides. Hay que aceptarlo, tampoco le queda nada mal al antiguo nadador profesional, luchador de MMA y experto en Kick Boxing.

Death Race (Paul W.S. Anderson, 2008) se pensaba como el nuevo vehículo de lucimiento para el actor y también una perdida de tiempo. El director Anderson tiene un catalogo de ineficiencia y pésimas cintas, la cinta se trata de un remake más (ahora de una cinta de culto producida por el legendario Roger Corman) y el propio Statham viene de protagonizar películas que en el mejor de los casos fueron mediocres (vaya, estuvo bajo las ordenes de Uwe Boll) Quizá es la suma de todos esos defectos que la cinta traía desde su gestación que el resultado final es más que aceptable. Curioso que el vehículo de lucimiento no sea para Statham, sino para la experimentada Joan Allen. Muchos nos preguntábamos que era lo que hacía una actriz de su calibre en un proyecto derivativo y bastante menor. Bueno, lo revitaliza, lo hace interesante y brinda la mejor actuación de la cinta como la toda poderosa villana sin escrúpulos que aterroriza a los más temidos criminales dentro de una de las prisiones más salvajes.

En un futuro bastante cercano, la economía en Estados Unidos colapsa, no hay empleos y todos son criminales (casi). Las grandes corporaciones manejan las prisiones y encuentran la forma de hacerlas lucrativas. Jensen Ames (Statham) es, sin aviso, incriminado por el asesinato de su esposa y va a dar a la prisión comandada por Hennessey (Allen) donde se realiza, periódicamente, la carrera de la muerte, un serial de autos televisado de tres etapas donde el ganador (para el caso, el que sobreviva) obtiene su libertad. Ames, que resulta ser un antiguo pero estupendo corredor de autos, es invitado para tomar el lugar de un indestructible piloto enmascarado cuya popularidad eleva el nivel de audiencia del emocionante espectáculo, porque finalmente los condenados a participar son criminales en sí.

En manos del propio Anderson, los zombies no son ni temibles ni sangrientos (ni bien maquillados), los alienígenas son una triste parodia de ellos mismos y los depredadores jamás lucen tan desangelados. Alejado de la ciencia ficción, el director parece menos presionado y lo hace con confianza y soltura para sorpresa de cualquiera. La cinta avanza sin muchos tropezones, ni descalabros. La narración solo se enfoca en lo que le importa, sin distracciones. Statham y el resto de los actores secundarios (Tyrese, Ian McShane) se notan divertidos y algunas secuencias de la carrera son muy logradas.

Pero la pericia que Anderson muestra en muchos puntos parece desaparecer los últimos 20 minutos, cuando ya todo se vuelve repetitivo e irritante. Si bien la historia gira alrededor de Ames, el entorno nunca se siente amenazador ni problemático, más bien un mero trámite. El resto de los criminales pilotos caen demasiado pronto como para convertirse en un peligro latente, la resolución de las situaciones cae en lo arbitrario, las diferentes etapas de la carrera no ofrecen mucho y Joan Allen desaparece un buen metraje. Y aunque eso podría ser desastrozo (especialmente por el director) nada parece demasiado importante (ni un asesinato a sangre fría) como para ser imperdonable. Solo es cuestión de dejarse llevar y reconocer cierto esquema complaciente, poco demandante y bastante emocionante.


PS:

La verdad es que no presento mucha resistencia cuando se trata de cintas ubicadas en prisiones. A eso se le adhiere Statham, autos tuneados, persecuciones, balaceras, pues me rindo muy fácil. Además, las obligatorias chicas (de una prisión contigua) como co-pilotos, desfilando cual pasarela de modas (por supuesto, todas de muy buen ver) que mas da, diría uno.

Incluso antes del inicio de la cinta ya me sentía perdido, sin imparcialidad ni objeciones. Esto debido al avance previo. Placer muy culpable, esta cinta la espero desde ya para el próximo año. Nada nuevo, nada interesante, nada de propuesto. No. Pero mucha velocidad. ¿De que me sirve negarlo?



El horror....



Respeto muchísimo al señor Steven Spielberg.
Me divierte bastante el señor Will Smith.
Salvo muy contadas excepciones, odio los remakes.

De esos últimos, hay dos casos que me han parecido francamente absurdos. El rumor es que a los gringos no les gusta ver las películas con subtitulos (demasiada información para el promedio y a eso sumarle que hay que leer, pues no, pobrecitos) La cinta Quarantine - remake de la española Rec, y el remake a cargo de Matt Reeves (Cloverfield, 2008) de la cinta sensación en Europa, el cuento de hadas de vampiros Let the Right One In (Tomas Alfredson, 2008)

El remake de esta cinta ya estaba planeada a los dos años de su estreno. Parecía que todo estaba alineado para su elaboración cuando el milagro sucedió y el proyecto se cancelo.

Ahora, la pesadilla vuelve con todo. Una cinta de Spielberg con Smith en los créditos sin duda llama la atención y se antoja. Pero NO de esta cinta, no el remake de esta cinta. Por favor, que alguien los detenga:

La información (o el rumor, esperemos) se dio en Variety.
El trailer de la maravillosa cinta original es el siguiente:

Si es lamentable...

Las secuencias de ficción y terror que se vieron el día 4 de Noviembre en la ciudad de México generaron muchas cosas. La primera de ellas y la que aún se busca generar: paranoia. Real o injustificada, uno en verdad tiene que sentirse un poco paranoico después de ver semejante despliegue de imágenes dignas de una cinta. Por supuesto, la paranoia no se genero sin tener antes un dejo de incredulidad. La noticia que se esparció a gran velocidad dejaba a todos sorprendidos, boquiabiertos e impresionados. Y no era para menos. El jet que se desplomo lo hizo no en una, en la intersección de dos de las avenidas más concurridas y circuladas de la ciudad. Gente en llamas, en pánico, en dolor. Las líneas telefónicas se saturaron brevemente, todo mundo se reportaba con sus seres queridos o los buscaba si sabían que andaban por esa zona. La preocupación iba en aumento. Poco después se revelaba que los tripulantes de la nave eran miembros del Gobierno, uno de ellos el Secretario de Gobernación. Y más tarde, todos ellos eran declarados fallecidos.

La impresión no cesaba. Las dudas tampoco. Y dentro de todo ese entorno, relucía la anécdota de un señor que había quedado de verse con su esposa por la zona. El señor la vio en una esquina opuesta, se saludaron y sonrieron. Él siguió el camino por las calles para encontrar un lugar donde estacionarse, de pronto la explosión. Y después, la esquina donde la había visto estaba vacía. De su esposa no había rastro. Desconozco si la situación tiene una conclusión todavía.

Pero alguien, algún comunicador de algún noticiero se atrevía a expresar una de las opiniones más estupidas que escuche esta semana. El suceso había distraído al pueblo de la emocionada celebración del triunfo del primer presidente afro americano en la historia del país de las barras y las estrellas.

El sueño de Luther King dudo mucho que se transcribiera como los sucesos de esta semana en la elección presidencial más costosa y absurda de los últimos años. No logro entender como es que uno desde esta perspectiva pueda emocionarse de ese suceso. ¿De verdad creen que este señor va a ayudar a las relaciones tiránicas hacia los demás países? Particularmente, la elección no me tenía sin cuidado, pero ninguno de los candidatos me hacía tener un poco de paciencia o fe. En realidad, ambos eran temibles. No puedo desentenderme del tema como quisiera porque finalmente determina muchas cuestionasen mi país, pero no puedo más que maldecir al personaje que consideró la elección y su resultado como una celebración a nivel global, mucho menos después de lo que vimos dentro del país.

Toda esa emoción me recuerda al anterior presidente de la Republica, Vicente Fox, quien tenía las esperanzas de millones, de quien afirmaron era quien llevaría el cambio que tanto buscabamos y del que se presumía una nueva etapa de prosperidad en el país. Así como muchos lo celebraron a su llegada al poder, muchos celebran la llegada de Barak Obama a la presidencia del imperio más descontrolado de la historia. Una cosa es segura, Obama verá primero por su interes que por el de la más grande minoría, los latinos.

Y como la gente responsable de South Park parodiaba esa celebración, con gusto la comparto:



The G-Zone


Alguna vez alguien llevaba su carpeta de producción para presentarla. Bonito el diseño de la carpeta, excelente presentación y la persona tenía gran facilidad de palabra. El contenido estaba recopilado con exactitud, las versiones del guión, el subrayado, la asignación de colores, planos, storyboard, ruta crítica y un largo etcétera. La propuesta fue por demás divertida y amena, tanto que todos se emocionaron de la narración, aunque nadie negó sus abismales huecos argumentales. La convicción de la persona fue lo que consiguió la aprobación. Poco después, la presentación de otra idea parecía que no tenía lugar. La persona se mostró tímida, insegura, preocupada. No trato nunca de hacerse el listo ni gracioso, hubiera sido una tragedia. Algunas cosas pendientes justifico, esquemas incompletos, planeación sospechosa. Sin embargo también logro su aprobación.

Al final, el primer proyecto fue todo menos lo que se había estimado. El resultado final fue un desastre. Aparentemente el director ni siquiera conocía la carpeta que presentaba su idea y todo lo que el buen orador había predicho se había perdido en el camino. El segundo proyecto, desde luego, resulto un ensamble soberbio de todas las piezas. El director obedeció toda la planeación y se retuvo a si mismo de desviaciones inspiracionales.

La historia sin duda me llevaba a dos ejemplos recientes. El primero, por el que me ha llovido de todo, de la mano de Guillermo Del Toro y su Hellboy II, donde pasados 50 minutos, el único deseo que yo profesaba era un desenlace pronto y abrupto si era necesario. Tanta criatura, tanto escenario, tanta cerveza me tenía cansado, desesperado y sin el menor interés. Al final solo pude decir: “se dejo ir"

Convencido de que no era mi percepción, tiempo después me tope con otro director que se emociono tanto con un proyecto, que descuido todo lo planeado previamente y decidió no ponerse freno alguno. La aprobación para dicho proyecto llegaba por dos vías, la económica (que es la principal y pasa por la empresa responsable) y la artística (que nunca es importante y solo es una especie de bendición forzada del creador original) Desconozco con precisión como se da luz verde a la adaptación de un videojuego, pero los autores del popular (en su momento) juego llamado Max Payne se mostraron, en un inicio, entusiasmados y felices de que su historia tuviera una medio de comunicación más extenso. El resultado no los dejo satisfechos en lo absoluto.

Con mucha certeza, uno de ellos cuestionaba un flashback que revelaba las motivaciones del oficial Max Payne mostrado a la mitad de la cinta. Esa confesión se mostraba al inicio del juego y el jugador se involucraba con el personaje. En la cinta no sucede de la misma forma y a nadie le interesa mucho porque, como y si el personaje logrará su redención. Probablemente el mayor problema al adaptar un videojuego radica en el cambio de rumbo que la historia provoca. El cine no permite la interacción como lo hacen los juegos de video, donde sea quizá la raíz del éxito de ambos medios. Ahora, la transición del cine al videojuego también es muy errática.

A veces parece que al tratar de adaptar un juego al cine, el factor principal no es el aterrizaje que tendrá, sino la popularidad del juego y de los probables involucrados. Si el juego de video goza de toda el fervor de uno de los sectores que más consume en el mercado (y en no pocos casos, el que más capacidad de consumo tiene), la intuición los hace pensar que esos mismos acudirán a la sala si la experiencia incluye algo de lo que son leales o seguidores. Me apresuro a pensar, entonces, que los creadores de la cinta Max Payne estimaron que su legión de jugadores no pondría objeciones en su adaptación, dado que conocen y recorrieron el mismo camino del personaje (aunque fuera de forma virtual)

Max Payne La Película es un desastre desde varios ángulos. Una trama sin interés, situaciones que rayan en lo absurdo, actuaciones muy forzadas y personajes que no atraen a nadie. Lo más curioso del asunto es que el videojuego es probablemente uno de los más accesibles para la pantalla grande. Los cinemáticos eran espectaculares, las secuencias de acción homenajeaban a Matrix (esquema que casi todas las cintas de acción ahora ya traen) Las calles decadentes a lo Frank Miller, personajes enrabiados con su alrededor, autodestructivos, tragedias tipo griegas, diálogos muy rescatables, corrupciones en todas las esferas sociales y el héroe solitario, decadente, buscando soslayar su anhelada venganza para así tratar de encontrar un motivo a sus acciones y a su vida en general. Aquí es donde, de nueva cuenta, el director “se dejo ir”. La importancia nunca radico en lo jugoso de la anécdota (porque no pasaba de ser eso), para el creador era la imagen, que no capturo en ningún momento. Los alrededores del juego solo apoyaban la historia y sobre todo al nivel de diversión: uno, en papel del personaje, tomaba casi cualquier arma y generaba todo tipo de destrucción siendo capaz de manipular el tiempo y el entorno, para realizar las maniobras de acción más insólitas y emocionantes que se vieron en ese tiempo. En la cinta, como admirador del juego, la primera secuencia de acción llega muy tarde, vamos, el primer balazo aparece cerca de la hora de cinta. Seguramente se tomo muy en serio la historia de este policía y se decidió seguir un camino que ningún fanático pudo reconocer.

Y los demonios. Honestamente, la idea no era en lo absoluto desagradable, la explicación podría pasarse por alto y las imágenes son muy logradas. Y ya. Su presencia ni estorba ni aporta en lo más mínimo, de ahí el rechazo casi inmediato a ese elemento.


Sin embargo, no soy de la idea de rechazar por automático (de ahora en más) cualquier transición de juego a pantalla. Por el contrario, existen videojuegos espectaculares, tanto en historia como en desarrollo. Ejemplos: Bioshock, Metal Gear Solid, God of War y la próxima a estrenarse Prince of Persia.

Hace poco disfrutaba de uno llamado Dead Space. Lo disfrutaba tanto, que al final me puso a reflexionar a mayor profundidad. Lo adictivo de tal videojuego son sus inspiraciones cinematográficas, principalmente la de Alien. Los viscosos y violentos monstruos aparecen en las sombras, en el sistema de ventilación y en las zonas de gravedad cero. Cuando al salir de una de esas cámaras, un gigantesco tentáculo toma al personaje y lo arrastra a su fin, me conmoví de lo verdaderamente asustado que me sentía. Y comprendí que hace mucho tiempo no me asustaba de tal forma en el cine. El sonido y la vibración del control contribuyo mucho, pero la sensación no pasaba.

Al final, tanto ese juego como Max Payne le rinden tributo a miles de cintas e historias que todos hemos visto. Tomar un tributo y hacerle el propio parece redundante. Como cada cinta basada en videojuegos parece un cliché. Las adaptaciones no pararan pero gente como Peter Jackson se ha mostrado muy emocionado a involucrarse también en la creación de videojuegos. Aunque con su primera incursión, el juego de su cinta King Kong, también fue un desastre, parece ser que hay que equivocarse mucho para hacerlo bien. O eso me gustaría creer.