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Revisando aparadores en cualquier tienda, uno puede encontrar tantos artículos de los cuales tenía el mínimo o nulo conocimiento. La tendencia los muestra cada vez más brillantes, más accesibles y más pequeños. Todos incluyen los mejores atributos tecnológicos, simplificando la vida se quiere, con las más cómodas formas de pago. Aún sigo sin entender como funciona y para que el famoso Apple TV. Algunos días después descubrí el HiPhone, clon vil chino del Iphone, que puede ser que funcione con similares o superiores características, sea más accesible, es en definitiva más barato, pero hay un problema, no incluye la manzanita. El reproductor de Microsoft tiene mejor resolución, una pantalla más nítida, funciones perfeccionadas, radio, Internet. Pero tú quieres la manzanita.

El recuerdo nos trae al amado en su momento Walkman de Sony (cualquier otra marca portaba otro nombre, pero se les conocía igual) La infinitamente emocionante posibilidad de llevar la música cargando, en exclusiva para la persona, dotándolo como un individuo calculador, espontáneo, de buen gusto (“cool” no se empleaba como adjetivo aún) ¿Dónde están ahora los Walkman? El tiempo los sepulto paulatinamente pero también sirve para ejemplificar un suceso que se repite continuamente. El Walkman, como el Iphone, como las siguientes generaciones de Ipod’s, Xbox y demás, nos han anticipado necesidades que desconocíamos tener. El primer celular de Motorota que tenía letras en color verde y era desplegable se convirtió en artículo de primera necesidad a su salida en el mercado. Planes que ahora suenan ridículos, involucraban más de 3 años de contrato sin revocación, a precios exageradamente elevados. Cuando salio esa misma versión, en color gris, la algarabía parecía incontrolable. ¿En verdad necesitamos de 15 cambios o más de celular en nuestras vidas?




De la misma forma que no sabíamos que teníamos esas necesidades urgentes, tampoco sabíamos que no las necesitábamos, que no son indispensables. Bueno, en realidad si lo sabíamos, pero era difícil negarlas. Y no pocos nos sentimos iluminados por una simple frase que se incluía en uno de los libros más ensimismados, nihilistas y criticados por los especialistas, pero convertido en uno de culto por los pocos que lo revisaron: “No eres tu trabajo

Hace 9 años, en Octubre, se estrenaba su inevitable (¿?) versión cinematográfica de la mano de David Fincher, aquel egoísta y talentoso director que aseguraba haber hecho la cinta más deprimente de los 90 (Se7en) El estreno de Fight Club no se vio libre de polémica puesto que le arrebataba las veladoras a cuanto consumo el humano se sentía dependiente y de la misma forma criticaba su propio medio, el cine como consumo, como ejemplo de autoridad, como enseñanza. El acierto es que finalmente su pudo burlar de todos los que la consideramos obra de arte, parteaguas en la historia, emblema de una generación. El venerado Tyler Durden jamás se tomo muy en serio, a pesar de que todo su séquito (ficticio y real) lo hacía.

9 años han pasado desde la frase “The things you own end up owning you”. El narrador y el emblemático personaje sentados en un bar de poca monta, bebiendo jarras de cerveza, cuestionando sobre edredones, ropa de marca y Martha Stewart, para salir e iniciar una pelea. A los pocos minutos, muchos pensábamos que tampoco queríamos morir sin cicatrices. La primera impresión no se olvida y se tomaron más revisiones para tratar de completar un rompecabezas que el propio espectador se había formado. Es en la escena de Raymond donde algunas cosas empezaban a tomar sentido. Raymond K. Hessel, que vivía en un sótano, que había abandonado la carrera de veterinaria (and stuff) se convertía en la representación de muchos. Finalmente nadie quiere morir de esa manera tan absurda y simplista. Uno no se da cuenta con facilidad que nada en la vida es una tragedia, que la vida continua con uno o sin uno. Uno se aferra entonces a las cosas que posee, la gente que supone depende de una u otra forma de uno, de las cosas pendientes, de las cosas finalizadas. Raymond corre después de ser amenazado con retomar la escuela y el personaje asegura que el día siguiente será el mejor día de su vida. El narrador asegura que el plan de Tyler empieza a tener lógica y que poco a poco todos lo estaban siguiendo.

¿Es el mismo llorón que asistía a grupos de moribundos para poder dormir quien desataba todo eso? ¿Ese era el símbolo que la generación de hijos no deseados de Dios tenía? “In Tyler we trust” balbuceaba el narrador. Y de pronto, todos queríamos ser el colon de Jack, queríamos luchar contra William Shatner o contra el jefe o contra Lincoln o contra nuestro padre. Al saber que todo había sido detonado por una mujer, los ecos de los diálogos acerca de ellas, de la crianza sin padre, del temor a una relación contradecía lo único que parecía coherente. Uno quería comprobar si en verdad con jabón podría fabricarse dinamita.

Pero algo más paso. El club crecía y se multiplicaba, abría “franquicias” en todos los rincones, a la par de que con cada cadáver provocado se repetía un ritual, una oración “He’s name was Bob” acompañado del ya mentado “You are not your job”. Cierto o falso, no sabíamos que no éramos el auto que manejábamos, que no éramos el dinero que teníamos en el banco, pero tampoco sabíamos que nuestra vida era la gran depresión, que existía una guerra espiritual y sobre todo que estábamos tan desilusionados con la vida que llevábamos. ¿O si lo sabíamos?

Nadie puede afirmar que aprendimos algo en el cine, cada quien lo experimenta como desea. Esta es, sin embargo, una de mis cintas más emblemáticas, por mi decisión, por mi gusto. No es lo que haya aprendido de ella (el cine no es una clase que se aprenda o memorice) son los deseos que después de verla me genero. Los hay buenos y los hay malos. Pero el momento más emocionante que guardo de la cinta es una simple escena. No tanto por el acto, sino por lo que represento. Lo que se filmo y lo que se callo.




6 comentarios:

Jorge - cinenovedades dijo...

Fabulosa escena la que comentas y que gran película! De lo mejor de Fincher junto con "Seven". Debo admitir que la primera vez que la vi, "Fight Club" no me había enganchado por completo. Fue en un segundo visionado que la cinta terminó de convencerme.
Yendo a la tecnología, te acordás del Discman? Luego vinieron los mp3 y se pudrió todo. Justamente el otro día se destruyó en cuestión de 10 segundos mi celular. Cuando fui a cambiar el aparato me ofrecían infinidad de cosas que jamás usaré. Me terminé llevando lo básico, celular con mensajes de texto, cámara y no mucho más. Al fin y al cabo el celu es para hablar, o por lo menos eso creo, jaja!
Saludos!

Dan Campos dijo...

You are not special. You are not a beautiful or unique snowflake. You're the same decaying organic matter as everything else.

Una de mis cintas favoritas y como dices, emblema de una generación. De hecho mi camarada Elim y yo estamos pensando seriamente en iniciar un Project Mayhem debido a nuestras crisis económicas personales, je.

Una de las frases que tambien mas me agradan de la cinta es el hecho de que "it's only after you have lost everything that youa re free to do anything".

Excelente reseña y comentario. ¡Saludos!

Joel Meza dijo...

Yo sólo he tenido tres aparatos celulares desde que compré (e incluyendo) el primero en 2001. Me molesta que se descomponga el teclado tan rápido y éso que sólo los uso para hablar, nunca para texto (no tengo ni la paciencia ni ahora la vista...). Chin, y la otra confesión es que me quedé dormido la primera vez que ví Fight Club. Y no la he vuelto a ver, pero sé que me va a gustar (en mi defensa, estaba convaleciente de una cirugía de abdomen).

El Duende Callejero dijo...

Hey... The Fight Club. Fíjate que hace miles de años que no la veía y en la madrugada, tras leerte, comencé a verla. Acabé como a las 4 y media de la mañana. No he dormido, así que gracias por recordánrmela y por tu texto. Ahora a conseguir aspirinas. Salud.

Josafat M. dijo...

Ah ... inolvidable cinta y memorable texto tuyo. Keep up the good work, friend-o.

Ad Ayin dijo...

Jorge: A mi si desde la primera me volvio loco, jejeje. Pero conforme mas la veo, mas me gusta. De los discman nunca fui el gran entusiasta, pero si me gusta el mp3, y el ipod, pa q lo niego. Aunque sigo disfrutando mis viniles de vez en cuando.

Dan: Yo me apunto para el proyecto Mayhem, sin dudarlo ni tantito. Cada quien recita sus frases favoritas. Me gusta todo el dialgo de la secuencia del auto.

Joel: Nah, no hay excusa... como te quedaste dormido? Pero vela de nuevo, si te va a gustar y mucho. Yo todos los celulares q he tenido o los rompo o los pierdo o se me quedan en el taxi (como uno edicion especial de star wars que se me quedo en uno y llore semanas)

Duende: Mejor vitaminas, pos ya... asi en vivo, no?

Josafat: Muchas gracias... ya viene uno tuyo, no? Plis