The Sound and the Fury



Y todo empezó por una paloma.

Era el niño pobre, desconfiado, inseguro. Su madre era la promiscua de la cuadra, vivía con un hombre al que siempre conoció como padre, aunque nunca lo supo. Era gordinflón, con anteojos, al que todos los niños molestaban, humillaban, ridiculizaban. Le rompían los anteojos, lo golpeaban, le robaban los centavos que guardaba. Su personalidad introvertida le impedía cualquier esfuerzo por frenar tanto abuso, por defenderse. En sus palabras, no entendía porque la gente era capaz de actuar con tanta crueldad. No confiaba en las personas, no confiaba en si mismo, pero confiaba en las aves, en las palomas. En su escondite disfrutaba su compañía, su armonía, su incapacidad de herirlo. Pero nada dura eternamente. Su escondite no duro mucho y cuando fue descubierto, sus enemigos notaron que herirlo físicamente ya no era suficiente. Uno de ellos tomo a su paloma y le arranco la cabeza de un solo movimiento. Él tenía mucho miedo, siempre lo tuvo, siempre lo tendría, pero ese día encontró su límite, encontró su primera pelea y su primera victoria.

Con el primer crédito, la intensidad vuelve a ser familiar. La voz que nos da la bienvenida es la de Mills Lane, para después atestiguar la forma en que ese niño inseguro se convertía en el campeón mundial más joven de la historia derribando al poderoso Trevor Berbick en dos rounds, el otrora hombre de hierro, Mike Tyson.

Un emblema como Tyson genera muchas cosas al mismo tiempo: odio, tristeza, empatía, vergüenza. Él mismo así lo cree. Su figura se convirtió en un ícono de la cultura, un emblema para el boxeo, una imagen de poder, de gloria. Pero principalmente fue la parábola del triunfo y el descenso en la vida de un ser humano. El mundo atestiguo a esa intimidante figura como uno de los boxeadores más brutales, despiadados y salvajes de la historia, primero en el aspecto deportivo, donde no hay daño, no hay prejuicios, no hay mucho espacio para la reflexión. Y después como el mismo animal, pero fuera del cuadrilátero, donde todos se atreven a cuestionar y a indagar, pero jamás son capaces de cerrar los ojos.

Su historia no puede ser narrada, no podría existir objetividad de un tercero. De tal suerte, el director de esta especie de documental, James Toback, ha decidido que sea él quien narre su vida, como la ha entendido, como la ha enfrentado, como la ha reflexionado. Y es en sus palabras (algunas que solo él entiende) con su extrañamente suave y pausada voz, que Tyson habla de Tyson, de su figura, de su gloria, de su caída. Criminal desde los 12 años, cuyo único propósito era evitar, bajo cualquier circunstancia o condición, ser humillado de nuevo, encontró la válvula de escape en los costales, descubriendo lo que la disciplina devolvía.

Tyson siempre fue un hombre enojado, resentido, desconfiado. Y así se muestra, luchando contra todas sus voces contradictorias que encuentra, buscando cual es la real, cual es la genuina. Lo mismo expresa su miedo antes de cada combate (cuando uno pensaría que eso lo piensa el rival) que se rompe en llanto cuando recuerda a su mentor, amigo y casi padre, Cus D’Amato, que enfurece al revivir la impotencia en su batalla contra Evander Hollyfield, que narrando lo que busca en una mujer, lo que cree necesitar, asegurando que jamás cometió crimen alguno contra ninguna Miss América.

Uno puede apropiarse de una opinión ya creada al escuchar al quien mucho tiempo fue considerado el hombre más intimidante del planeta. Personalmente siempre fui seguidor de su carrera. Admiraba la frialdad que mostraba al mirar siempre a los ojos al rival, a agotarlo, a quebrar su espíritu. Su rapidez no correspondía a su tamaño, mucho menos a su fortaleza, a sus golpes que anunciaban una destrucción. Todos querían verlo caer, todos querían atestiguar que no había indestructibles. Pero todos sufrimos cuando Douglas le propino su primera visita a la lona.

Iron Mike perdió el amor por el deporte que le había dado un significado a su vida. En realidad, perdió la única confianza que era relevante. La suya. Quizá busca recuperarla, quizá busca descubrirla. Tal vez trata de encontrar el significado de confiar en alguien, en algo. Probablemente trata de confiar en quienes vean su historia. Lo que hizo en su pasado, narra, es historia, lo que hará en su futuro es un misterio.

La más monumentales historias tienen un inicio bien definido. Y todo empezó por una paloma.

Tyson (2008)
Dir. James Toback

* * *

3 comentarios:

D dijo...

admirar a tyson o mas bien asu carrera , porque yo creo que nadie en sus 5 sentidos podria admirar su vida personal , aunque no faltara el infeliz inadaptado que lo haga , es tan vulgar como admirar la carrera de jc chavez , ambos tienen mucho en comun , don king , PPV , bolsas millonarias , caidas estrepitosas , finales de carreras lamentables , excesos , escandalos , pero cualquier verdadero aficionado del box , te dira que ambos pertenecieron ala etapa mas gris del boxeo , no habia rivales , la fama de ambos fue construida a base de puros bultos , ver a tyson solo era por el morbo de ver cuanto le iba a durar el rival , esa no es la escencia del deporte , fueron peleas muy disparejas , realmente lamentable el como ensuciaron ese deporte con tremando par de bultos , pero la vida , que es sempre justa , no les iba a perdonar el haber ensuciado el deporte de esa manera , que bueno que terminaron asi , porque ese es el final que se merecian ese par de mamarrachos , solo por haberle hecho lo que le hicieron al box

pero al parecer el señor chavez no escarmienta y ahora vienen sus hijos , que son iguales de bultos que el , tronaran como los globos que son , y ellos terminaran pagando lo que su padre quedo a deber

adayin dijo...

Si, probablemente tengas razón. Ultimadamente, cualquier deporte es un negocio, antes de cualquier aspecto competitivo. No se si considerar a todos los rivales de Tyson como bultos, pero varios si lo fueron.

Es un hecho que cada quien brinda opiniones muy encontradas con una figura como él, desde el aspecto más elemental hasta el más arbitario y sin embargo no han dejado de hablar de él.

En donde creo que te equivocas es en culpar a Tyson o a Chavez de hacerle algo al deporte. Quienes provocaron eso fueron las personas detrás de ellos, los organizadores, los comisionados, los periodistas, especialistas y cualquiera involucrado desde un escritorio que, como su cuello blanco le manda, convirtio el deporte en un circulo corrupto que le dejaba mucho dinero. No solo el box, para el caso, todos los deportes.

Joel Meza dijo...

Y qué tipo tan sin gracia. Lo acabo de ver en The Hangover y ni con edición pudieron hacerlo actuar. Cero gracia.