La Zona Muerta

Cuando se estrenó la cinta Videodrome, el director David Cronenberg tuvo que enfrentarse a varios sectores que denigraron la película por su “supuesta” misoginia y sus secuencias masoquistas. La quinta cinta de Cronenberg se colocaría en los anaqueles “de culto”, con las virtudes de esos anaqueles equiparables con sus limitaciones. El desgaste que el director sufrió con lo desafortunado del estreno se iba a recuperar con el salto que dio al llamado “mainstream”, con la cinta The Dead Zone.
Basada en la novela de Stephen King, la historia nos presenta a un par de profesores, Sarah y Johnny, con compromiso marital a la vista, cuyo cambio de planes se ve forzado en el momento en que él sufre un accidente automovilístico que lo deja en coma durante cinco años. Para él, solo ha transcurrido el día, pero al despertar se da cuenta que ha perdido el trabajo, su novia se ha casado con otro hombre y sus piernas no le responden como antes. Al tratar de retomar su vida, descubre que posee la habilidad de ver la vida de la gente al tocarlas, pasado y futuro. Este nuevo don lo vuelve una curiosa celebridad en su pueblo y lo lleva a ayudar a la policía en la cacería de un asesino serial. Después de dicho incidente, se aleja de la vida que llevaba y trata de iniciar una diferente, donde no tenga que recurrir a su don/maldición, que lo lleva a reencontrarse con Sarah y con un melómano senador, cuyo futuro como Presidente, provocara una destrucción de proporciones apocalípticas.
Al poco tiempo de terminar la cinta Scanners, Cronenberg se contacta con la productora Lorimar, la cual se muestra emocionada a trabajar con él, sobre un caso de unos gemelos encontrados muertos en condiciones anormales (cinta que posteriormente se convertiría en Dead Ringers) La idea quedo estancada momentáneamente, al tiempo que se le proponía adaptar la novela de King. Cronenberg tomo el reto de realizar una cinta que no se basaba en una historia propia y que parecía una narración complaciente para los estándares de director canadiense.

Nuevamente Cronenberg recurre a su personaje existencial, transformado físicamente que busca darle un sentido a su vida y en el camino termina sufriendo una experiencia radical que determina su vida. El compromiso que siempre Cronenberg imprime en cada cinta de su autoría es algo que se debe experimentar con mucho cuidado. De manera independiente al desarrollo sobrenatural del personaje y sus cambios físicos, la historia plantea un amor frustrado, de esos que abundan, de esos que lastiman, de esos donde sus personajes anhelan recuperar, pero es imposible conseguirlo de nuevo. El rostro de uno de los villanos emblemáticos del país del norte (Chistopher Walken) es fundamental para entender este punto. Cada movimiento facial de Walken es embriagado de nostalgia por la vida que nunca pudo tener, melancolía por las oportunidades que dejo escapar y la frustración de tener una habilidad que ha destruido su vida. Una habilidad que lo desgasta conforme la emplea y que le condena a una muerte inminente y solitaria.
El destino quiso colocar a esta cinta como inmediata a la que se le considera su obra maestra y de tal suerte que el juicio que sufrió es uno muy arbitrario. Cierto, es quizás la cinta más accesible de David Cronenberg (es un decir). El director deseaba ser muchas cosas: veterinario, músico, biólogo, escritor. Ese instinto de curiosidad y aprendizaje, le llevo a explotar todas sus inquietudes en el lugar que menos esperaba, el cine. Pero de la misma manera que uno tiene que soltar ciertos atributos y características para desarrollar un crecimiento personal y profesional, también hay que reencontrarse con esos aspectos que se van soltando. No quiere decir que se recuperaran, simplemente se necesitan para seguir avanzando. Con eso se reencuentra el genial David Cronenberg, con la simplicidad de las cosas, con su desapego emocional, con la ilusión de poder disfrutar la expresión de su arte.
Aun cuando se le considera la cinta más floja de Cronenberg (junto a M. Butterfly), The Dead Zone es una excelente muestra de que un artesano de la clase del canadiense, donde quiera brilla. Además de que el éxito comercial le significo la libertad de tomar riesgos y desarrollar otro tipo de cintas, como Naked Lunch y The Fly, donde sus cuestionamientos se vuelven más personales y a la vez más identificables.
Basada en la novela de Stephen King, la historia nos presenta a un par de profesores, Sarah y Johnny, con compromiso marital a la vista, cuyo cambio de planes se ve forzado en el momento en que él sufre un accidente automovilístico que lo deja en coma durante cinco años. Para él, solo ha transcurrido el día, pero al despertar se da cuenta que ha perdido el trabajo, su novia se ha casado con otro hombre y sus piernas no le responden como antes. Al tratar de retomar su vida, descubre que posee la habilidad de ver la vida de la gente al tocarlas, pasado y futuro. Este nuevo don lo vuelve una curiosa celebridad en su pueblo y lo lleva a ayudar a la policía en la cacería de un asesino serial. Después de dicho incidente, se aleja de la vida que llevaba y trata de iniciar una diferente, donde no tenga que recurrir a su don/maldición, que lo lleva a reencontrarse con Sarah y con un melómano senador, cuyo futuro como Presidente, provocara una destrucción de proporciones apocalípticas.
Al poco tiempo de terminar la cinta Scanners, Cronenberg se contacta con la productora Lorimar, la cual se muestra emocionada a trabajar con él, sobre un caso de unos gemelos encontrados muertos en condiciones anormales (cinta que posteriormente se convertiría en Dead Ringers) La idea quedo estancada momentáneamente, al tiempo que se le proponía adaptar la novela de King. Cronenberg tomo el reto de realizar una cinta que no se basaba en una historia propia y que parecía una narración complaciente para los estándares de director canadiense.

Nuevamente Cronenberg recurre a su personaje existencial, transformado físicamente que busca darle un sentido a su vida y en el camino termina sufriendo una experiencia radical que determina su vida. El compromiso que siempre Cronenberg imprime en cada cinta de su autoría es algo que se debe experimentar con mucho cuidado. De manera independiente al desarrollo sobrenatural del personaje y sus cambios físicos, la historia plantea un amor frustrado, de esos que abundan, de esos que lastiman, de esos donde sus personajes anhelan recuperar, pero es imposible conseguirlo de nuevo. El rostro de uno de los villanos emblemáticos del país del norte (Chistopher Walken) es fundamental para entender este punto. Cada movimiento facial de Walken es embriagado de nostalgia por la vida que nunca pudo tener, melancolía por las oportunidades que dejo escapar y la frustración de tener una habilidad que ha destruido su vida. Una habilidad que lo desgasta conforme la emplea y que le condena a una muerte inminente y solitaria.
El destino quiso colocar a esta cinta como inmediata a la que se le considera su obra maestra y de tal suerte que el juicio que sufrió es uno muy arbitrario. Cierto, es quizás la cinta más accesible de David Cronenberg (es un decir). El director deseaba ser muchas cosas: veterinario, músico, biólogo, escritor. Ese instinto de curiosidad y aprendizaje, le llevo a explotar todas sus inquietudes en el lugar que menos esperaba, el cine. Pero de la misma manera que uno tiene que soltar ciertos atributos y características para desarrollar un crecimiento personal y profesional, también hay que reencontrarse con esos aspectos que se van soltando. No quiere decir que se recuperaran, simplemente se necesitan para seguir avanzando. Con eso se reencuentra el genial David Cronenberg, con la simplicidad de las cosas, con su desapego emocional, con la ilusión de poder disfrutar la expresión de su arte.
Aun cuando se le considera la cinta más floja de Cronenberg (junto a M. Butterfly), The Dead Zone es una excelente muestra de que un artesano de la clase del canadiense, donde quiera brilla. Además de que el éxito comercial le significo la libertad de tomar riesgos y desarrollar otro tipo de cintas, como Naked Lunch y The Fly, donde sus cuestionamientos se vuelven más personales y a la vez más identificables.






