Muchas cosas tengo pendientes. Me cuesta trabajo terminarlas aunque no sea una imposición. Todavía no defino con exactitud a que se deba. Pero si se cuando terminar un párrafo. Y si parecía/no parecía que todo se estabilizaba, me basta volver a oír esto, para querer retomar muchas cosas, una "última" vez más
Todos tenemos favoritos. Los gustos ayudan mucho a entender a una persona, las inclinaciones que tiene, sus comportamientos, sus actitudes y acciones. Bueno, alguna vez especialistas revelaban que los gustos ayudaban a descubrir la cultura de un individuo, sus capacidades intelectuales, sus orientaciones sexuales y hasta posibles profesiones futuras (según) Aunque es una realidad que también ocultan sentimientos que a la persona le incomodan. A veces, el gusto por algo en particular es auto impuesto, no elegido.
Cualquier favorito tiene su justificación, pero la respuesta más honesta y verdadera, es la simple elección de consumir todo aquello que nos agrada. El puro gusto. Personalmente creo haber dejado bien en claro que lo mío es el gore. Pero referencial y especialmente, mis películas favoritas son las “de zombies”. Y por encima de toda la reflexión social, moral, temática que muchas cintas orientadas en los muertos vivientes tienen, pocas cosas disfruto tanto como ver a un zombie en pantalla, ensangrentado, hambriento. Da lo mismo si camina torpemente o corre con una destreza envidiable, su motivación es la misma: responder y actuar al único instinto que conserva. Sin lugar a dudas, la reflexión que parecen tener, por ejemplo, las cintas de George Romero son la base del legado y estatus de culto que tienen. Reflejar lo peor, lo básico, lo consumista, lo destructivo, lo inhumano, lo patético, lo vil y (curiosamente) lo mejor de la naturaleza humana, oculto en un sobreviviente o en un hambriento cadáver.
En ese marco, la mención especial es al cada vez más interesante Festival Morbido, por su estupenda programación en su edición del 2009 (que incluía títulos como Trick ‘r treat, The Human Centipede, The Hills run Red, etc) por su proyección de cine de horror clásico en panteones y desde luego por evitar la espera del estreno comercial de la cinta Zombieland (Fleisher, 2009) una de esas que poco pude hacer por resistirme a venerar, aplaudir y emocionarme. Tratando de ser breve, uno tiene que compartir la emoción
1."Don’t kill me with my own gun" - Las películas de zombies llaman la atención tan rápido como alejan al mismo publico curioso. Generan interes porque son cool, porque no lo son, porque están de moda, porque no. Evidentemente, el resultado es una saturación del mismo cliché y una enejada caducidad que presenta cada nueva cinta con toques visuales similares. Esta no es la primera cinta que combina la sanguinaria característica del cine de zombies y la comedia negra (como tampoco lo fue la fantástica Shaun of the Dead) pero a diferencia de varias (me viene el ejemplo de la australiana Undead) el enfoque parece un poco más refinado, más renovado y más atinado. Finalmente, es claro que cada película del género habla de su tiempo actual, de su momento histórico y de la aspiración hacia un futuro, a veces nublado, a veces optimista. Si los tiempos actuales son así de críticos (las características de los sobrevivientes) así de crueles (solo atletas y viciosos sobreviven) así de desorientados y vacíos, la presencia o ausencia de peligro no cambia con muertos vivientes o sin ellos.
2."Thank God for rednecks" - Y si el esquema no basta, el concepto visual es mucho más propositivo. Las numerosas reglas para sobrevivir a una invasión inexplicable de zombies son presentadas, ya no como video musical. Si bien la década marco la invasión de los nerds y sus gadgets (las cintas basadas en comics y videojuegos, estos últimos que son vitales para la economía de un país, redes sociales que para muchos son una necesidad) el estilo es eminentemente digital, estructurado para aquellos que viven rápido, consumen todo lo que la tecnología les presume y con cada nueva regla, viene una nueva modalidad. ¿Estorba? Para nada. Uno quisiera ver todas las reglas que el protagonista Columbus (un somnoliento y robótico nerd) a modo de resumen extenso.
3."Have you ever read the book She´s not that into you?" – Para que funcione, es indispensable la correspondencia entre espectador y protagonistas. El grupo de sobrevivientes es tan miserable como aquellos motociclistas comandados por Tom Savini en 1978. Igual de traicioneros, de ociosos, de agresivos y de asesinos. La prisa de toda la trama les impide matarse entre ellos, problemas mayores se atraviesan en el camino. Pero a pesar de separarse y encontrarse tantas veces como es posible, pueden crear una fraternidad, una comunidad repleta de dudas, complejos, desconfianzas y protección. A uno le interesa que esa relación se mantenga. Y también se termine.
4."He’s in the ass kicking business and business is good" – No hay peor miedo que el miedo de fracasar, dicen muchos. De una manera, la frase resume todos los miedos posibles, todas las fobias. El miedo de Columbus no es la excepción. Se puede analizar en muchas variables, una de ellas la aceptación a uno mismo, sin mascara o, en este caso, sin maquillaje. Más reconocible no pudo ser para mí. Porque igual que el protagonista, sin importar la explicación o el fundamento, no hay nada que me produzca mas terror que un payaso (ya, lo confesé, tarde años en dormir bien después de ver It) De tal forma que el desenlace tenía que ser espectacular, situado en un lugar que tiene su ángulo peligroso: la feria (sede de interpretaciones generacionales de pánico y paranoia, como en The Warriors o en The Lost Boys) rodeados de la última horda de amenaza, el bestial payaso zombie. La situación cambia, la aspiración cambia y, por supuesto, las reglas cambian. Uno las atraviesa aunque no quiera (yo no quiero y no las atravieso)
5."Let’s play the quiet game" – Temática, narrativa, estilísticamente es muchas cosas. Muchos ya lo saben, otros no. El cameo cerca de la mitad de la cinta es enorme, glorioso. Incluso si se sabe antes de ver la cinta, no deja de ser absurdamente sorprendente todo lo que sucede en ese arco. Pero un bono aparte. El llamado “hook” es algo que atrapa, en el inicio de la cinta, la atención de la audiencia y no la suelta para revelarlo al final (por ejemplo, Fight Club o Swordfish) La cinta empieza rápido y con mucha violencia. Es una cinta sangrienta. Pero nada puede prepararnos para su poderosísima secuencia de créditos. Gráfica, resumida, puntual… musicalizada por Metallica y su “From whom the bell tolls” (de esos rolones que, sin tener un riff tan trashero, suenan malas malas malas) Con un inicio así, no hay pierde. No hay más que sentarse, boquiabierto, a disfrutar.
A finales del siglo pasado, la industria musical parecía ir hacia muchas direcciones y, a la vez, hacia ninguna. Proliferaban corrientes con decenas de imitadores, corrientes estudiadas para generar millones de dólares por año. Aparentemente la creatividad les daba para asegurar que la tendencia se mantendría estable si se producían copias tras copias de grupos. Los ejemplos más emblemáticos son, por supuesto, las boy-bands (de N’Sync a Britney) y el (mal) llamado new metal (o rap metal o crap metal, como quieran, de Korn, Limp Bizkit o Papa Roach)
Pero para esos seudo-géneros, había otros que siempre se mantuvieron relativamente estables. El metal (y todas sus variantes) y el rap. El último parecía ser el ideal de la industria, el género más consumido por los jóvenes, que paulatinamente también sufrió su proceso de azucarado. No podría detallar su evolución ni su cronología, por el contrario, tendría que recomendar dos fascinantes lecturas. El narrativamente fabuloso Book of Rhymes de Adam Bradley y para turistearle a profundidad, el eminente Hip Hop World de Dalton Higgins.
El chiste es que no le podía entrar al Hip-Hop de finales de la década pasada, no encontraba identificación alguna con la música (tristemente, con los años, me di cuenta que si había alguna mínima con sus liricas) Y es que empezaron a producirse a granel solistas que trataban de agarrar una parte del pastel. Conocí MTV por medio de los videos de raperos, donde salían mujeres increíblemente exuberantes y todas arrastrándose a los pies del cantante. Poco a poco me toco descubrir, a inicios de los 90 a Snoop Dog, Mobb Deep, LL Cool J, un sector de la parte más dura del rap, el gansgta y su punto más elevado con “Cop Killer” de Ice-T. Luego un rap más alivianado, vía Arrested Development, House of Pain (mas o menos rap) y otros similares.
Toparme de frente con Usher acaparando las listas de popularidad me parecía irritante y ni la presencia de The Fugees, cuyos integrantes destilaban talento, me provocaba querer acercarme al género de nuevo. Pero poco a poco la resistencia fue derribada.
Es en esta década que el Hip-Hop ha proliferado, con sus momentos grandiosos, como con unos verdaderamente lamentables y ridículos. Lejos, muy lejos del improvisado y adictivo gansgta rap, el hip hop se lleno de color y superficialidad. No implica que el género se prostituya ni que es carente de calidad. Como costumbre, los primeros discos de Eminem, Kanye, Pharrell (con N.E.R.D) Lupe Fiasco y una larga lista mostraban mucha producción, menos abuso del bajeo y hasta varias muestras de creatividad fluyendo. En la búsqueda de la gallina de los huevos de oro se demandaba que la creatividad no se tomara un respiro y bajo amenaza, simplemente echa a correr.
A mediados de los 90, en la fatal guerra entre Death Row (de la costa oeste) y Bad Boy (costa este), los reclutas cumplían requisitos de violencia, pandillas, antecedentes penales y un odio confesado hacia su rival de costa. En el momento en que 2pac y Biggie Smalls son asesinados, esos nuevos MC’s pierden interés, el publico pierde interés, gente como Dre, Snoop, Ice-T se alejan del cuadro temerosos y la industria que movía más de 100 mil millones de dólares estaba al borde del colapso. Lo mismo Death Row con su cabeza Suge Knight como Bad Boy y Puff Daddy estaban en el ojo del huracán, acusados de ser financiados por poderosas y peligrosas mafias de Los Angeles y Nueva York, el gangsta llamaba la atención hasta del mismísimo Jesse Jackson y mirando al pasado, ambas disqueras lograban sus más grandes ventas. 2pac muerto le valió millones a Death Row (quienes por cierto, no le pagaron ni un centavo de sus multimillonarios discos en vida, puesto que Knight lo había sacado de la cárcel donde era abusado físicamente por todos y cada unos de los guardias de seguridad) Biggie también le dejo ganancias asombrosas a su amigo Sean “Diddy” Combs, el único mafioso que se jacta de codearse con la elite más poderosa de los Estados Unidos, y además, lo presume sin mucho reparo.
El triste, trágico y fascinante (tampoco hay que negarlo) episodio aún arrastra ganancias espectaculares, lo cual a la música, como negocio, siempre le ira de maravilla, pero también siempre saben como echarlo a perder.
Así que a principios de esta década, por ahí de 2001, un incidente similar empezó a gestarse, lo cual anunciaba que los responsables generarían ganancias necesitadas. En esta ocasión no eran miembros de costas diferentes, ambos pertenecían a la costa este (de Nueva York), y como 2pac y Biggie, ambos eran grandes amigos y al tocar la fama, la enemistad empezó a presentarse. En retrospectiva, se trato de los dos representantes del género más interesantes de la década. El controvertido NAS y el fashionista Jay-Z.
Y como la tendencia que ha sido el rap y hip-hop de los últimos años, todo empezó en Tupac Shakur. Siguió Notorious B.I.G. y la búsqueda y autoproclamación de ser el heredero al rapero más poderoso y popular de la tierra, soberbia pura. El pleito poco a poco comenzó a complicarse, primero con declaraciones, luego el uso de derechos sin licencia y posteriormente, lo que los fans querían, la guerra de canciones. Jay-Z renegando de él, NAS mofándose de su disquera, su misoginia y su fealdad. Jay atacando y evidenciando que se había acostado con su mujer y madre de su hijo en la canción “Supa Ugly”, cuya letra era tan brutal que hasta la madre de Jay-Z demando a su hijo una disculpa publica. Poco tardo NAS en responder con “You’re Da Man” llamándolo imitador, buscando acostarse hasta con sus mujeres.
Y si unos pronosticaban y clamaban sangre, el gusto del morbo no les duro mucho. Ambos raperos silenciaron la riña, hicieron las paces, colaboraron en varias canciones y conciertos, y por supuesto, se adaptaron a los tiempos, inyectando tanta azúcar a su música que su tendencia parece dio un giro muy brusco. Pero aún así, su nueva música sigue sonando, sigue vendiendo, sigue influenciando y siguen siendo muy respetados. NAS quien saca discos cada año bisiesto, cada vez colabora más con los integrantes de la Bad Boy y de Def Jam.
Jay-Z se caso con Beyonce, se retiro, volvió, hizo mash-ups con Linkin Park, fue presidente de Def Jam, ahora es de Live Nation, fue estelar en el Glastonbury, es co-propietario de los Nets de New Jersey y tiene en la mira al club Arsenal, de la liga inglesa. Pero principalmente, lanzó una trilogía de discos que sin duda tienen que ser de los más emblemáticos de esta década que termina: The Blueprint
Se había prometido listas y esto da pauta a una de ellas. A raíz de toda esta breve remembranza, la lista musical de la década se pondrá en la columna de la derecha, en orden de preferencia personal y con su video representativo. La lista de 28 discos de los 2000 empieza con uno de esos raperos. El disco de 2001, Stillmatic, de NAS
Y para completar el viernes musical, de The Blueprint III, Jay-Z edita (con mucha mano de Timbaland, aunque no produzca) un muy particular himno a la ciudad que lo vio nacer y establecerse como una de las personas más poderosas de la industria: Nueva York. Puede que influya la ciudad, la mención (y aparición en el video) del Yankee Stadium o simplemente estaba de humor, pero pocas canciones me han contagiado tanto en tan poco tiempo. En este momento, podría sugerir que todos la escuchen, la canción que todos tengan en su Ipod o celular, la canción que acompaña reuniones. Bien podría decir que es una de las canciones más derivativas del año, pero al mismo tiempo una de las mejores. Con la colaboración de la hermosa Alicia Keys y su poderosa voz, el video de la canción “Empire State of Mind”
Hace poco explicaba algo que me molestaba del popular creador de Best-Sellers, Dan Brown. Si su alter ego, Mr. Langdon, es tan erudito, ¿Por qué sus explicaciones son tan arbitrariamente redundantes? Un temor típico de quien se anima a escribir, el miedo a no dejar las cosas en claro, bien definidas, bien entendidas para que uno de esos detalles no trunque el fluir y la narrativa de sus novelas. Me molesta porque parece que trata al lector como un completo ignorante (aunque reconozco que su último libro, The Lost Symbol, me tiene muy interesado)
Temiendo no expresarme, y por sospecha de una interpretación errónea, quiero aclarar que la reciente cinta de Quentin Tarantino, Inglourious Basterds, me pareció muy lograda,muy equilibrada y con la inercia suficiente para mantener la atención en sus casi tres horas de duración.
Es difícil decirse fan de algo o alguien (salvo a mis amados Yankees) la palabra compromete a muchas cosas que pocos son capaces de cumplir. Y aunque me fanatizo con facilidad, creo que el término “soy seguidor” del cine de Tarantino es más apropiado (es decir, me gusta bastante, pero no se pierde cierta objetividad) Desde la siempre ninguneada pero espléndida Jackie Brown (1997) hasta el espectacular homenaje Death Proof (2007) me he dejado llevar por una corriente imbatible y lo he hecho con mucho gusto. Tarantino es uno de los productos más populares y exitosos en la actualidad, lo han publicado como aquel que acerca al espectador casual al llamado cine de arte (o de culto), apreciarlo aunque no pueda reconozca tanta referencia y forzarlos a tener gusto por su tendencia, aunque no estén de acuerdo.
Si el tan negativo/positivo hype que sus cintas siempre generan no fuera fabricado por manos y agentes externos, quizá nadie hablaría de él. Tarantino es lo “cool” lo “it”. Tiene que gustarte, porque aunque el director jamás ha velado por esa imagen cultural (porque lo pop, dicen, también es cultura) si ha conseguido hacerle guiño a casi todos los segmentos del mercado. Sigo sin conocer a una mujer que no le guste Kill Bill Vol. 1 (a pesar de los ríos de sangre que derrama) hay quienes siguen buscando la billetera de “Bad Motherfucker”, otros que recitan los diálogos de Mr. White o quienes se ponen “Bear Jew” como nickname.
Pero por encima de sus aportaciones populares, Tarantino es fanático de las películas, no duda en desbordar el amor que les tiene, el vacío que le llenan y la admiración que le provocan. Y porque no, ha demostrado ser un escritor y director de cine con mucha más propuesta que muchos de sus contemporáneos (y de sus alumnos bastardos)Ya no tan desafiante como en sus primeras obras (ya no tiene que serlo) pero si mucho más cuidadoso, abarcando referencias más específicas, más pulido y constante en su compromiso con su trabajo.
Como cada quien escribe de lo que conoce, pero también de cómo entiende las cosas, tendría que hacer una reflexión. Es probable que el molesto hype haga tanto escozor por el egoísmo natural de cada persona, la necesidad de pertenencia. Si, es evidente que mi molestia es la apreciación que a veces se le da, la veneración que le rinde un gran sector por razones casi obligadas, ya no sugeridas, sino impuestas por muchos medios, reseñistas y fans from hell.
Inglourious Basterds tiene el mote de “la mejor película de Tarantino desde Pulp Fiction”… ¿Cómo que porque? El que lo diga el fan que sabe en que hora, minuto, cuarto de hospital y bajo que signo zodiacal nació, no implica que tenga razón. Es decir, no es conocedor por tener información estadística, mucho menos por asegurar haber revisado un centenar de veces su trabajo. Repito, admirarlo por el producto que es, que se ha manejado, no por lo que el director ha creado o por lo que quiere provocar.
No es lo mismo ver a Eli Roth (y su expresión psicópata) emulando a Mickey Mantle, que a Pam Grier ligando con Robert Forster. No es lo mismo ver a Uma de amarillo que a su stunt de blanco. No es lo mismo escuchar a David Bowie (en una de las selecciones más extrañas en su siempre fino tino musical) que a Shivaree, a Joe Tex o a Bobby Womack, ¿verdad?
No, tampoco soy ningún experto y tengo que repetir, me gusto mucho Inglourious… Su primer capítulo es uno de los momentos más soberbios del cine en todo el año, la variedad de ritmos y géneros que colecciona y ejecuta con una maestría envidiable, la creación de cada personaje del cual se deshace sin el menor remordimiento, la absorbente secuencia final dentro de un cine (y las lecturas que ha generado) Tiene muchos puntos muy emotivos, muy espectaculares y en ningún momento se siente el desorden que generalmente plantea (como que las escaletas no son lo suyo)
Aun así, no le doy mucha justificación a los 6 contactos que se ponen “I want my scalps” las decenas de perfiles que colocan en sus redes sociales lo genuinamente hipsters, profundos y cultos que se sienten porque les gusto o los que se atreven a decir que es su primer éxito (infelices) Y desde luego también están los amargosos/envidiosos que redactan sus traumas y frustraciones en un blog y que tienen que repetir tres veces que sí les gusto, para que les crean y tengan un poco de credibilidad en sus comentarios. Aunque sea un poco.
No es la primera vez que lo menciono y probablemente no será la última. Cada cinéfilo tendrá la propia, pero sin duda la primera secuencia de una cinta que me emociono al grado de generar una adicción hacia el arte cinematográfico pertenecía a la cinta Terminator (Cameron, 1984) Aquel full shot donde Sarah casi arrastraba a un Reese, huyendo de un camión cuyo conductor era distinguible por los ojos rojos. La secuencia no rebasaba los 10 segundos y fue suficiente para crear una curiosidad, ¿qué era eso? ¿Que me había provocado tanta ansiedad, impaciencia, emoción?
25 años y dos secuelas después, se estrena una cuarta parte (o la primera de una nueva trilogía planeada) de la saga, y no ha sido un trayecto fácil. Desde la elección de su director, pasando por el comentadísimo episodio semi-sociópata de su protagonista y los habituales cambios en el guión, hasta su fría recepción en taquilla y crítica, Terminator Salvation parecía tener todo por perder. Tengo que incluirme en la gigantesca interrogante que el proyecto producía y hasta cierta antipatía que le profesaba. Ni siquiera se debía a McG (ya nadie es fan de sus videos, ¿verdad?) o a la insufrible negatividad de los fans from hell. Mi incredulidad iba por dos direcciones. Primero, el retraso excesivo de su estreno (casi 3 meses) y segundo, el elemento nostálgico que siempre vence sobre cualquier argumento. Al final de la proyección, ambas fueron resueltas con creces.
En uno de los veranos hollywoodenses más nefastos que yo recuerde (Wolverine, Fast & Furious y Transformers siendo pesadillas a tratarse en terapia) la nueva cinta de aquella máquina indestructible (aunque muy voluble) es una fresca bocanada de aire y quizá la sorpresa menos esperada de la temporada. Tres meses de estupideces cinematográficas (rescatando Star Trek) colaboraron a meditar el resultado desde otra perspectiva, una menos exigente o tal vez una más adecuada. El cine de verano radica en su capacidad de entretenimiento puro, digerible y hasta desechable, nada menos, pero por favor, nada más.
Salvation es pura adrenalina, pura emoción, algo que parecía completamente extraviado. Mucho hay que criticar, pero mucho hay que destacar. La misma nostalgia hace que mi duda ante tanto rechazo sea “¿de donde se tomaron tan en serio toda la trama?” Al final, la saga de Terminator fue más palomera que profunda, más desenfrenada que introvertida, más global que específica. Y precisamente esose trata de rescatar. El escenario apocalíptico da para ambos extremos, el más intimo y especulativo o el más pintoresco y derivativo.
Nada puedo reprocharle a una cinta que mantiene la atención durante todo su metraje, se atreve a retomar un diminuto boceto y proponer su propia diversión, para llegar a un resultado que ya todos conocían. Y de que forma tan espectacular lo hace. Si, hace mucho no disfrutaba una cinta como esta (la ansiedad de ver esos mecánicos pies avanzando por las escaleras) No 25 años, pero si mucho tiempo.
1. Return to Cookie Mountain - TV on the Radio (2005) 2. Funeral - Arcade Fire (2004) 3. Is this it - The Strokes (2001) 4. Mesmerize - System of a Down (2005) 5. Turn on the bright lights - Interpol (2002) 6. The Moon & Antarctica - Modest Mouse (2000) 7. Cross - Justice (2007) 8. In Rainbows - Radiohead (2007) 9. God hates us all - Slayer (2001) 10. Rock Action - Mogwai (2001) 11. The Blueprint - Jay-Z (2001) 12. Radio Retaliation - Thievery Corporation (2007) 13. Elephant - The White Stripes (2003) 14. Third - Portishead (2008) 15. Lateralus - Tool (2001) 16. Because of the times - Kings of Leon (2007) 17. Sound of Silver- LCD Soundsystem (2007) 18. M-16 - Sodom (2001) 19. Panopticon - Isis (2004) 20. Modern Times - Bob Dylan (2006) 21. Siempre es hoy - Gustavo Cerati (2002) 22. Stories from the city - PJ Harvey (2000) 23. Clones - The Neptunes (2003) 24. Crack the skye - Mastodon (2009) 25. Lullabies to Paralyze - QOTSA (2005) 26. In your honor - Foo Fighters (2005) 27. American IV - Johnny Cash (2002) 28. Stillmatic - NAS (2001)